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Todas Mis Estaciones…

En mis veranos he explotado en mis pasiones, exprimiendo sin cordura tu fuego clamoroso. En mis inviernos, me he arropado de los fríos, los que penetran en el alma y la congelan.
En mis otoños he convivido con los llantos, las nostalgias, la cercanía del invierno que nos lleva. En primavera las burbujas del inicio, han despertado aventuras despeinadas. Has permitido que mi emblema de existencia,… tenga este sello florecido de alegría. Tú me acercaste a lo profundo del averno, me calcinaste en la hoguera del infierno,   hasta que un día, tan piadosa como eres, me remitiste hasta la cumbre del comienzo.
Me has ilustrado que el camino está cubierto, de infinitud de obstáculos despiertos; que hay siempre un tiempo para andar sin argumento, sólo existir entre las nubes de los sueños. Me has descubierto los inviernos necesarios, para hibernar en mi cuerpo y en mi alma.   He meditado en soledad en este trance; con pies ligeros me he escapado de la parca   y cada vez que me la encuentro entre las sábanas, yo la despisto con las ganas de quedarme.  
Y le sonrío con mis perlas alineadas, le lanzo un beso engarzado de certeza y la devuelvo a su casa solitaria.
¡Cuántos otoños revelados en mi mente! Cuánta paciencia he practicado entre sus hojas, vuelo de pájaros cobrizos que denotan, que todo empieza y termina en cada meta. He transitado por las veredas del silencio, entre las penas peregrinas que se anidan,   en cada rama, que desnuda se descubre, con la presencia de la ausencia y la tristeza. 
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Otoño vivo desvestido de esperanzas, te duele el viento que te roba tus hazañas. Una por una va quitando tus ofrendas y te despoja de vistosas experiencias.
Yo te bendigo por cuidarme Vida Mía. Por deletrearme en mis momentos de apatía,   una canción de primavera perdurada, que me convierte en aroma de lavanda   y me convida a sonreír en cada instancia.
Yo sé que tú, eres mi amante permanente, que estarás viva entre mis sombras,   entre mis mieles, entre mis goces, hasta ese día que no puedas evitarlo   y veas la LUZ que se acerque a reclutarme.
¡Vida Maestra! ¡Vida piadosa! Tienes la magia de ofrecerme en cada hora, una enseñanza que me vuelve un Ave Fénix, en los momentos que la angustia se reporta. Tú me has llevado por el camino de la impronta, me has dado audacia para subir a la montaña,   me has construido una estrella que me ingresa, en ese mundo donde habita la alborada. B. Ojeda.
Permítete abrir Tu corazón para recibir la abundancia de gracias que Dios tiene para Ti.
.

AMAR.

 

El día que me quieras tendrá más luz que Junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus  inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando  cristalinas
el día que me quieras.

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El día que me quieras, los sotos  escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos,  todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas,  irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día  que me quieras…
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo  blanco: ¡Apasionadamente!

Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido  de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.

El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada  arrebol, miraje
de «Las Mil y una Noches»; cada brisa un cantar,
cada  árbol una lira, cada monte un altar.

El día que me quieras, para  nosotros dos
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

Amado Nervo

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.