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Dios Te Escribe Una Carta…

Puede ser que tú no me conozcas, pero Yo sé todo acerca de ti … Yo sé cuándo te sientas y cuándo te levantas …  … Todos tus caminos me son conocidos …

Conozco cuántos cabellos hay en tu cabeza, pues fuiste hecho a mi imagen …

Te conocí desde antes que fueses concebido…

 

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Te escogí cuando planifiqué la creación … tú no fuiste un error; todos tus días están escritos en mi Libro …fuiste hecho maravillosamente. Yo te formé en el vientre de tu madre.

Te saqué de las entrañas de tu madre el día en que naciste …he sido mal presentado por los que no me conocen . Yo no estoy lejos ni enojado; soy la completa expresión del amor, manifestado en mi Hijo, Jesús .

Es mi deseo amarte, simplemente, porque fuiste creado para ser mi hijo/a y Yo ser tu Padre. Yo te ofrezco más de lo que tus padres te han dado o te darían jamás.

Porque Yo soy el Padre perfecto … toda buena dádiva que recibes procede de Mí … Yo soy tu Proveedor y suplo todas tus necesidades. Mi plan para tu futuro está lleno de esperanza.

Porque te amo con amor eterno … Mis pensamientos hacia ti son incontables, como la arena del mar … Yo estoy en medio de ti y te salvaré; me gozaré sobre ti con alegría.

Nunca dejaré de hacerte bien … si oyes mi palabra y la guardas, serás mi especial tesoro, deseo plantarte con todo mi corazón y con toda mi alma. Deseo mostrarte cosas grandes y maravillosas … Aún lo que no tienes pensado.

Si me buscas con todo el corazón, me encontrarás …deléitate en mí y Yo te concederé los deseos de tu corazón …aunque parezcan irrealizables.

Porque Yo soy el que pongo en ti el querer como el hacer … Soy poderoso para hacer en ti mucho más de lo que tú te imaginas. Yo soy tu gran Consolador …Soy el Padre que te consuela en todas tus tribulaciones .

Yo estoy cerca de ti cuando tu corazón está quebrantado …como el pastor carga a su oveja Yo, te he llevado cerca de mi corazón …y un día quitaré toda lágrima de tus ojos y todo el dolor que has sufrido en la tierra.

Yo te amo tanto, que envié a mi Hijo, Jesús, para que tengas vida eterna …porque en Jesús es revelado mi amor por ti. Él es la representación exacta de mi ser. Él vino a demostrarte que Yo estoy por ti, no contra ti.

Y para decirte que no me acordaré más de tus pecados …Jesús murió para que tú te reconciliaras conmigo …Su muerte fue la máxima expresión de mi amor por ti. Yo lo di todo por ganar tu amor.

Ven a casa y celebraré la fiesta más grande que el cielo haya visto jamás … siempre he sido y siempre seré …Padre …

Mi pregunta para ti es … ¿Quieres ser mi hijo/a? … Estoy con los brazos abiertos esperándote, no importa como te encuentres, que pecados tengas, Solo quiero amarte…

Lluvia de Bendiciones para Ti.

 

Instantes En Mi Vida.

El Amor lo puede todo. Los pequeños detalles que nos hacen sonreir …son instantes en mi vida que yo quiero guardar…

 

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Sigo buscando mi sustento, atravesando valles y montes sin saber… En tu palabra está la miel…

Me leo a mi misma y encuentro que me llena de valor, es algo que yo no puedo arrancar de mi vida. Yo soy una misión, una presencia de Alma. La propia vida se hace plena mirando y sintiendo la compañía de quien me encuentra y  a quien encuentro; en la fiesta de la alegría, de la esperanza.

Llegué y te salí a buscar, ya nunca más será lo mismo. Peregrino en esta ruta conociendo el sabor que me mueve a amar, a amar siempre  más.                          

Cautiva de contemplar esa mirada, Tu ya me amabas, sin que tuvieras que hacer nada.  Solo SER; dejarme llevar débil y tiernamente por quien conquistó mi Eternidad…

Lluvia de Bendiciones para Ti.

Mis Manos Se Extendieron…

 

Un gato preocupado por comprender por qué su amor no fue a las diez.
Me temo que se le olvidó lo que un lucero le contó.
Mañana será noche reservada para dos que se han comprometido en el amor…

 

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Mis manos se extendieron y apareciste Tu !…

Yo vendré, tu Vendrás… Las Palabras nunca alcanzan,                                           cuando lo que hay que decir desborda el ALMA…

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

 

 

La Semilla del Encuentro…

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la semilla del encuentro se construye en la relación con los demás… amasar el compartir la vida; gozando de cosas comunes sencillas, el Espíritu nos da la gracia para encontrar la palabra interior que a cada uno nos llama a encontrarnos. susurremos al alma para que se nos de esa gracia de tener siempre la palabra justa y las acciones que demuestren con nuestro testimonio que nuestras almas pueden brillar al compás del amor.

Cielo que nos une, fragancias que se sienten, para ser el marco de atardeceres que luego se levanta en un brillo al alba…

 El gusto espiritual por el encuentro… de tener historia, memoria y esperanza, para poder amar los aromas distintos, en el romance de aspirar lo diverso que cada uno tiene; para sentir que nos une el mismo sueño. Pase lo que pase iremos juntos y el camino es de los dos. Juntos encendimos las miradas, despertamos lo dormido, vamos a encontrarle el color preciso a el alma. Es hermoso lo que falta todavía por andar, abramos puertas para los que en el amor creemos…

Las puertas significan mucho, es el medio de acceso a un lugar, a las personas, no sólo es la entrada, también es la salida. Hay puertas que están por abrirse delante de nosotros. Levanta tus manos y da gracias por las puertas. Cada vez que emprendas un sueño de Dios para tu vida, vas a encontrar puertas abiertas pero también puertas cerradas. Lo importante no es que la puerta esté cerrada, sino que nosotros no usamos las llaves que el Señor nos ha dado para abrirlas.

¿Qué nos impide usar esas llaves? …

Lluvia de Bendiciones para Ti.

La Maternidad de María, Nuestra Madre …

 

El Concilio Vaticano II habla así de María al pie de la cruz: «También la Santísima Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado» (Lumen Gentium, 58.) . Consentir en la inmolación de la víctima que ella había engendrado fue como inmolarse a sí misma.

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«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» Evangelio según San Juan (Jn 19,25-30).

Al estar «de pie» junto a la cruz, la cabeza de María quedaba a la altura de la cabeza inclinada de su Hijo. Sus miradas se encontraron. Cuando le dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Jesús la miró y por eso no sintió necesidad de llamarla por su nombre para distinguirla de las demás mujeres. ¿Quién podrá penetrar el misterio de aquella mirada entre la madre y el Hijo en aquella hora? Una alegría tremendamente dolorida pasaba de uno a otra, como el agua entre los vasos comunicantes, y esa alegría provenía del hecho de que ya no ofrecían la menor resistencia al dolor, de que estaban sin defensas ante el sufrimiento, de que se dejaban inundar libremente por él. A la lucha le sucedía la paz. Habían llegado a ser una sola con el dolor y el pecado de todo el mundo. Jesús en primera persona, como «víctima de propiciación por los pecados del mundo entero» (1 Jn 2,2); María indirectamente, por su unión corporal y espiritual con su Hijo.

Lo último que hizo Jesús, antes de adentrarse en la oscuridad de la agonía y de la muerte, fue adorar amorosamente la voluntad de su Padre. María lo siguió también en eso: también ella adoró la voluntad del Padre antes de que descendiese sobre su corazón una terrible soledad y se hiciese la oscuridad en su interior, como se hizo la oscuridad «sobre toda aquella región» (cf Mt 27,45). Y aquella soledad y aquella adoración se quedaron clavadas allí, en el centro de su vida, hasta la muerte, hasta que llegó también para ella la hora de la resurrección.

Un salmo que la liturgia aplica a María dice: «Todos han nacido allí… Se dirá de Sión: ‘Uno por uno todos han nacido en ella…’ El Señor escribirá en el registro de los pueblos: ‘Éste ha nacido allí»’ (Sal 87,2ss). Es verdad: todos hemos nacido allí; se dirá de María, la nueva Sión: Uno por uno todos han nacido en ella. En el libro de Dios está escrito, de mí, de ti, de todos y cada uno, incluso de los que todavía no lo saben: «¡Este ha nacido allí!»

¿Pero no hemos sido regenerados por la «palabra de Dios, viva y duradera» (1 P 1,23)? ¿No hemos «nacido de Dios» (Jn 1,13) y renacido «del agua y del Espíritu» (Jn 3,5)? Ciertísimo, pero eso no quita para que, en otro sentido, hayamos nacido también de la fe y del sufrimiento de María. Si Pablo, que era servidor de Cristo, pudo decir a sus fieles: «por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús» (1 Co 4,15), ¡ con cuánta mayor razón podrá decirlo María, que es su Madre! ¿Quién, mejor que ella, puede hacer suyas aquellas palabras del Apóstol: «Hijos míos, a quienes doy a luz de nuevo» (Ga 4,19)? Ella nos da a luz «de nuevo» en este momento, porque nos ha dado ya a luz por primera vez en la encarnación, cuando entregó al mundo la «Palabra de Dios viva y eterna» que es Cristo, en la que hemos renacido.

 Desde el siglo XV. Algunos temían que se quisiera poner a María al mismo nivel de Cristo. En realidad, la enseñanza de la Iglesia destaca con claridad la diferencia entre la Madre y el Hijo en la obra de la salvación, ilustrando la subordinación de la Virgen, en cuanto cooperadora, al único Redentor.

 Por lo demás, el apóstol Pablo, cuando afirma: «Somos colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), sostiene la efectiva posibilidad que tiene el hombre de colaborar con Dios. La cooperación de los creyentes, que excluye obviamente toda igualdad con él, se expresa en el anuncio del Evangelio y en su aportación personal para que se arraigue en el corazón de los seres humanos.

 El término «cooperadora» aplicado a María cobra, sin embargo, un significado específico. La cooperación de los cristianos en la salvación se realiza después del acontecimiento del Calvario, cuyos frutos se comprometen a difundir mediante la oración y el sacrificio.

Por el contrario, la participación de María se realizó durante el acontecimiento mismo y en calidad de madre; por tanto, se extiende a la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Solamente ella fue asociada de ese modo al sacrificio redentor, que mereció la salvación de todos los hombres. En unión con Cristo y subordinada a él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad.

El particular papel de cooperadora que desempeñó la Virgen tiene como fundamento su maternidad divina. Engendrando a Aquel que estaba destinado a realizar la redención del hombre, alimentándolo, presentándolo en el templo y sufriendo con él, mientras moría en la cruz, «cooperó de manera totalmente singular en la obra del Salvador» (Lumen gentium, 61). Aunque la llamada de Dios a cooperar en la obra de la salvación se dirige a todo ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la redención de la humanidad representa un hecho único e irrepetible

El Vaticano II no sólo presenta a María como la «madre del Redentor», sino también como «compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas», que colabora «de manera totalmente singular a la obra del Salvador con su obediencia, fe, esperanza y ardiente amor».

Recuerda, asimismo, que el fruto sublime de esa colaboración es la maternidad universal: «Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia» (Lumen gentium, 61).

Por tanto, podemos dirigirnos con confianza a la Virgen santísima, implorando su ayuda, conscientes de la misión singular que Dios le confió: colaboradora de la redención, misión que cumplió durante toda su vida y, de modo particular, al pie de la cruz.

María en el orden de la vida espiritual es nuestra querida Mamá…Feliz quien a descubierto la gracia de sabernos sus hijos…  

 

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Lluvia de Bendiciones para Ti.

Una Palabra… Una Verdad…

Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo, igual que el viento esconde el agua, como las flores que esconden lodo.

Una mirada no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo; como la lluvia sobre tu cara o el viejo mapa de algún tesoro…

Una verdad no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo, como una hoguera que no se apaga, como una piedra que nace polvo.

 

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Porque en tus ojos están mis alas y está la orilla donde me ahogo…

Carlos Varela.

Muchas veces la intemperancia del viento ahoga el susurro del agua, la belleza del paisaje arbolado nos tapa el árbol… las flores ocultan tras su apertura; que mas tarde sus pétalos serán caídos… así la Vida y el Amor muchas veces nos sacuden el Alma.

De ningún modo te permitas impedir, que el amor te visite cada día.

Dios Te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

 

Madre de mi Confianza…

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          ¡Reina mía soberana, digna de mi Dios, María!

Gracias por ser Santa María.
Gracias por haberte abierto a la gracia,
y a la escucha de la Palabra,
desde siempre.
Gracias por haber acogido
en tu seno purísimo
a quien es
la Vida y el Amor.
Gracias por haber mantenido
tu «Hágase»
a través de todos
los acontecimientos de tu vida.
Gracias por tus ejemplos
dignos de ser acogidos
y vividos.
Gracias por tu sencillez,
por tu docilidad,
por esa magnífica sobriedad,
por tu capacidad de escucha,
por tu reverencia,
por tu fidelidad,
por tu magnanimidad,
y por todas aquellas virtudes
que rivalizan en belleza
entre sí
y que Dios nos permite
atisbar en Ti.
Gracias por tu mirada maternal,
por tus intercesiones,
tu ternura,
tus auxilios y orientaciones.
Gracias por tantas bondades.
En fin,
gracias por ser Santa María,
Madre del Señor Jesús
y nuestra.
Amén.

15Fr

Salve, canto de los querubines
y alabanza de los ángeles.
Salve, paz y alegría de la humanidad.
Salve, Jardín de las delicias.
Salve, Árbol de la vida.
Salve, Baluarte de los fieles.
Salve, Puerto de los náufragos.
Salve, reclamo de Adán.
Salve, rescate de Eva.
Salve, Templo santísimo.
Salve, Trono del Señor.
Salve, Virgen, que has aplastado
la cabeza del dragón precipitado al fuego.
Salve, Refugio de los afligidos.
Salve, Rescate de la maldición.
Salve, Madre de Cristo, Hijo de Dios vivo.
A Él toda gloria, honor, adoración y alabanza,
ahora y siempre
y en todo lugar,
por los siglos. Amén.

15Fr

¡Oh Madre de misericordia!
Intercede ante Dios
y obtén para nosotros la gracia
de la reconciliación cristiana de los pueblos.
Obtén para nosotros las gracias
que en un instante puedan convertir los corazones
humanos,
aquellas gracias que puedan preparar y asegurar la
anhelada paz.
Reina de la Paz,
ruega por nosotros
y logra para el mundo
la paz en la verdad,
en la justicia,
en la caridad de Cristo.
S.S. Pio XII

Gracias por esta hermosa foto a Hijo de María.

Dios te bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.