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Saber Interpretar Lo Que Se Nos Envía De Lo Alto…

Hemos de aceptar dicho momento, porque ya nos viene dado y ya estamos en él…“Si puedes liberarte un momento, de la necesidad de entenderlo todo, podrás estar presente en este momento».

 

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Permítete abrir Tu corazón para que recibas las abundantes Bendiciones que Dios tiene para Ti….

 

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María dijo Si a la Vida…

 

 

298111_488073147932814_798353893_nMaría pide una respuesta, no propiamente para entender los designios de Dios, sino para llevarlos a cabo…

María se entrega a una completa disponibilidad para todo lo que Dios le presenta , hacer la Voluntad de lo que se le regala….se anonada a si misma en humildad y se hace esclava de la promesa…

 

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Es el FIAT único. San Agustín afirma que María “concibió a Dios en su corazón antes que en su cuerpo”. 

Se dispuso realizar  el camino con prontitud  y nos enseñó los gestos de encuentro que nos deben caracterizar: servir  y portar a Jesucristo muy dentro para poder revelarlo a quienes aún no lo conocen como el «Amor Grande». 

Es así que es maestra que orienta nuestro caminar en el tiempo y en la historia. 

En María está representada la figura femenina : delicada, concentrada, silenciosa…

María agradece y adora, se deja amar . María anuncia lo que siente; y es Jesús el que procede a la acción. Ella es la intercesora de necesidades de hombres y mujeres.

 

María la 298111_488073147932814_798353893_nujer de fe es camino que conduce al Camino verdadero…Ella ha creído en su Hijo, ha escuchado su palabra y la ha cumplido…

María es fruto del AMOR…

Dios te bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

Feliz Nacimiento !!! 

María en la Espera …

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María es por excelencia la «Mujer» que conoce y reconoce la fuerza del Espíritu Santo. Por eso contemplándola a Ella  como modelo debemos suplicarle,  nos enseñe en este tiempo de espera para el Niño que está por nacer; para que en estos días que faltan para celebrar la Navidad transforme toda decadencia y restaure nuestro corazón que sea reflejo de un nuevo Pentecostés….

Que el «Hágase» que siempre estuvo en su diario vivir, nos ayude  y estimule a valorar la «Vida»…siendo el refugio de nuestro mundo, Ella la Mujer de la esperanza…

 

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En María se realiza el don hecho a los pobres, a los pastores, a los sencillos… a Todos.

María es la que devuelve la alegría a los corazones tristes entregando a Jesús que es la Vida misma…Ella la Mujer fuerte , que cree aún cuando no comprende y queda sorprendida; no rechaza la palabra dejándola de lado, ni lo que acontece en la espera…sino que lo medita y lo conserva (Lc. 2-51).

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Lluvia de Bendiciones para Ti.

 

Tiene Nombre de Mujer…

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Rocío fresco de la mañana
surges acariciando ternura.
Naces de nuestra tierra
y desciendes luminosa
dando paso a la esperanza.

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Tiene nombre de mujer,
agua pura, cristalina,
la maravillosa gota,
es naturaleza y vida.

Caudaloso manantial
que florece las semillas,
y cuando abren sus pétalos
se elevan agradecidas.

La sustancia de la vida,
pureza de blanco cielo,
acariciado a las rocas,
se escurren entre los dedos.

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Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

La Maternidad de María, Nuestra Madre …

 

El Concilio Vaticano II habla así de María al pie de la cruz: «También la Santísima Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado» (Lumen Gentium, 58.) . Consentir en la inmolación de la víctima que ella había engendrado fue como inmolarse a sí misma.

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«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» Evangelio según San Juan (Jn 19,25-30).

Al estar «de pie» junto a la cruz, la cabeza de María quedaba a la altura de la cabeza inclinada de su Hijo. Sus miradas se encontraron. Cuando le dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Jesús la miró y por eso no sintió necesidad de llamarla por su nombre para distinguirla de las demás mujeres. ¿Quién podrá penetrar el misterio de aquella mirada entre la madre y el Hijo en aquella hora? Una alegría tremendamente dolorida pasaba de uno a otra, como el agua entre los vasos comunicantes, y esa alegría provenía del hecho de que ya no ofrecían la menor resistencia al dolor, de que estaban sin defensas ante el sufrimiento, de que se dejaban inundar libremente por él. A la lucha le sucedía la paz. Habían llegado a ser una sola con el dolor y el pecado de todo el mundo. Jesús en primera persona, como «víctima de propiciación por los pecados del mundo entero» (1 Jn 2,2); María indirectamente, por su unión corporal y espiritual con su Hijo.

Lo último que hizo Jesús, antes de adentrarse en la oscuridad de la agonía y de la muerte, fue adorar amorosamente la voluntad de su Padre. María lo siguió también en eso: también ella adoró la voluntad del Padre antes de que descendiese sobre su corazón una terrible soledad y se hiciese la oscuridad en su interior, como se hizo la oscuridad «sobre toda aquella región» (cf Mt 27,45). Y aquella soledad y aquella adoración se quedaron clavadas allí, en el centro de su vida, hasta la muerte, hasta que llegó también para ella la hora de la resurrección.

Un salmo que la liturgia aplica a María dice: «Todos han nacido allí… Se dirá de Sión: ‘Uno por uno todos han nacido en ella…’ El Señor escribirá en el registro de los pueblos: ‘Éste ha nacido allí»’ (Sal 87,2ss). Es verdad: todos hemos nacido allí; se dirá de María, la nueva Sión: Uno por uno todos han nacido en ella. En el libro de Dios está escrito, de mí, de ti, de todos y cada uno, incluso de los que todavía no lo saben: «¡Este ha nacido allí!»

¿Pero no hemos sido regenerados por la «palabra de Dios, viva y duradera» (1 P 1,23)? ¿No hemos «nacido de Dios» (Jn 1,13) y renacido «del agua y del Espíritu» (Jn 3,5)? Ciertísimo, pero eso no quita para que, en otro sentido, hayamos nacido también de la fe y del sufrimiento de María. Si Pablo, que era servidor de Cristo, pudo decir a sus fieles: «por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús» (1 Co 4,15), ¡ con cuánta mayor razón podrá decirlo María, que es su Madre! ¿Quién, mejor que ella, puede hacer suyas aquellas palabras del Apóstol: «Hijos míos, a quienes doy a luz de nuevo» (Ga 4,19)? Ella nos da a luz «de nuevo» en este momento, porque nos ha dado ya a luz por primera vez en la encarnación, cuando entregó al mundo la «Palabra de Dios viva y eterna» que es Cristo, en la que hemos renacido.

 Desde el siglo XV. Algunos temían que se quisiera poner a María al mismo nivel de Cristo. En realidad, la enseñanza de la Iglesia destaca con claridad la diferencia entre la Madre y el Hijo en la obra de la salvación, ilustrando la subordinación de la Virgen, en cuanto cooperadora, al único Redentor.

 Por lo demás, el apóstol Pablo, cuando afirma: «Somos colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), sostiene la efectiva posibilidad que tiene el hombre de colaborar con Dios. La cooperación de los creyentes, que excluye obviamente toda igualdad con él, se expresa en el anuncio del Evangelio y en su aportación personal para que se arraigue en el corazón de los seres humanos.

 El término «cooperadora» aplicado a María cobra, sin embargo, un significado específico. La cooperación de los cristianos en la salvación se realiza después del acontecimiento del Calvario, cuyos frutos se comprometen a difundir mediante la oración y el sacrificio.

Por el contrario, la participación de María se realizó durante el acontecimiento mismo y en calidad de madre; por tanto, se extiende a la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Solamente ella fue asociada de ese modo al sacrificio redentor, que mereció la salvación de todos los hombres. En unión con Cristo y subordinada a él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad.

El particular papel de cooperadora que desempeñó la Virgen tiene como fundamento su maternidad divina. Engendrando a Aquel que estaba destinado a realizar la redención del hombre, alimentándolo, presentándolo en el templo y sufriendo con él, mientras moría en la cruz, «cooperó de manera totalmente singular en la obra del Salvador» (Lumen gentium, 61). Aunque la llamada de Dios a cooperar en la obra de la salvación se dirige a todo ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la redención de la humanidad representa un hecho único e irrepetible

El Vaticano II no sólo presenta a María como la «madre del Redentor», sino también como «compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas», que colabora «de manera totalmente singular a la obra del Salvador con su obediencia, fe, esperanza y ardiente amor».

Recuerda, asimismo, que el fruto sublime de esa colaboración es la maternidad universal: «Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia» (Lumen gentium, 61).

Por tanto, podemos dirigirnos con confianza a la Virgen santísima, implorando su ayuda, conscientes de la misión singular que Dios le confió: colaboradora de la redención, misión que cumplió durante toda su vida y, de modo particular, al pie de la cruz.

María en el orden de la vida espiritual es nuestra querida Mamá…Feliz quien a descubierto la gracia de sabernos sus hijos…  

 

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Lluvia de Bendiciones para Ti.

NO DEJES DE SOñAR…

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Así como cambian las estaciones del año, las hojas de los árboles también cambian, así sucede con el paisaje interior de nuestra vida, este también cambia…

Es sorprendente como podemos regresar a ese niño interior que un día no muy lejano, hemos sido, el niño de la risa franca y desenvuelta, abierta, sin dobleces… de las caricias sensibles, envueltas en papeles de ternura y sabores a vainilla…a chocolate… ese niño que tenemos dentro y al que nadie debería dejar dormido en ningún rincón; u olvidado como algún juguete al que ya, le hemos perdido afecto…

Para los niños la vida solo se vive, se dona, se ofrece sin esperar recompensa, porque para el niño la vida es «EL HOY»… lo que sólo ahora acontece…

Para ti, para mi, es parar en este ser adulto y detenernos en mirarnos muy adentro…en escuchar entre todas las voces que vuelan al viento; pero que primero escalan en la mente y así, regresar en un instante paralizando las dolorosas situaciones que nuestra vida acarrea desde la infancia… dando lugar a un continuo oleaje de emociones que sin equilibrio no sabemos donde encauza.

Rememorando que en el ser Hombre o Mujer que somos, indefinidamente estará el niño que fuimos…

Recuerda que un niño desea obtener sueños que a medida que pase el tiempo pueden o no concretarse…y más aún cuando se siente que no lo merece…Y hemos sido creados para ser felices… No dejes de soñar… No dejes de traer tu niño interno y que acontezca la realidad absoluta de descubrir que estamos vivos, que hay esperanza.  Que el perfume de las flores nos lleve a darnos cuenta que todo vale la pena…que lo que tus manos construyen trae la innegable generosidad del alma de ese niño que tienes muy dentro, pero que anhela y siente poder dar y darse a manos  llenas y que cada instante se hace infinito y tiene para quien saber ver, mas allá de los sueños una mirada de eternidad…

Vive intensamente el presente, atesorando los recuerdos en un cofre muy valioso y confía tu futuro a las manos del Creador, ese futuro no nos pertenece, sólo Él puede llevar a buen puerto la obra comenzada…

Lluvia de Bendiciones para Ti.

María… Niña, Mujer Elegida

María, niñez plantada en la alegría nazarena. Milagro de vida en tí, gracia plena. Tu pequeñez, María crece de amor y florece en cosecha adolescente generosa.

Eres joven promesa, donella himilde que aprende el vuelo de las altas cumbres. Que mira mas allás del último recodo y va juntando luces para la mañana.

Se fue gestando así en tu vida la alianza definitiva de Dios con la humanidad, la presencia de Jesucristo, el que revela al ‘Padre’ en medio de los hombres.

 

Jesús niño-hombre elegido por el Padre para revelarse como Dios, nació de esta ‘Mujer, de una vez y para siempre, y entró en nuestra historia una vez y para siempre.

Jesús nace de María para permanecer… María la doncella humilde de Palestina es grande, porque es la que creyó que Dios «derriba a los poderosas y exalta a los humildes». y porque creyó ella comienza a ser la señal de una nueva existencia.

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Solo Dios es la riqueza verdadera

Dios realiza grandes cosas en aquellos que, como en María no se apoyan en sus propias acciones, que no colocan como base y garantía de su vida la abundancia de los bienes materiales, sino que abren su corazón a Dios y aceptan y se comprometen con él y con los otros.

En la simplicidad de una joven que creyó y aceptó la palabra de Dios, que la interroga y le habla, todo comienza a cambiar.

María no se queda con nada para sí, camina siempre como discípula detrás de su maestro. Pasa desapercibida porque comprende que es su «Hijo» quién debe brillar. «Ella ilumina el Camino».

María es la que devuelve la alegría a los corazones tristes, entregando a Jesús que es la vida misma, por eso es llamada «Causa de Nuestra Alegría» letanía que se hizo constancia  en su propia vida. Y a la que estamos invitados como hijos de singular Madre a contemplar para que nuestra alegría se duradera.