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LA DISTANCIA DEL CORAZÓN…

 

Un día el maestro preguntó: «¿Por qué grita la gente cuando está enojada?»…

 

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Uno de los monjes contestó: «Porque perdemos la calma, por eso gritamos…»

Pero, …¿Por qué gritar si la otra persona está a tu lado? Volvió a agregar el maestro. Nadie contestó esta vez y el maestro entonces dijo: «Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir dicha distancia deben de gritar para escucharse.
Cuanto más enojados estén, más alejados estarán y tendrán que gritar para poder escucharse el uno al otro.
 
Sin embargo, cuando dos personas se enamoran, se hablan suavemente porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.
Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen. No digan palabras que los distancien más, pues llegará algún día que la distancia sea tanta que no podrán encontrar el camino de regreso.
 – Anónimo –

Dios Te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

OJALÁ HOY ESCUCHE TU VOZ!…

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Yo tambien escuché : «Este es mi hijo muy querido», dijo el Padre por Jesús, a quien escucharlo nos encomendó.

Ayúdame, Padre Bueno a ser como María, la fiel que escuchó y guardó la palabra sagrada, aunque a veces no entendía. Llevando una vida donada y entregada. Por eso se transfiguró, y en Madre de Dios se convirtió.

Ayúdame a decir como Pedro «Sólo tú tienes palabras de vida eterna», y a convertirme en mente y corazón. Para caminar siempre y sólo hacia tí, morando  en tu carpa de luz y eternidad.

Quiero permanecer fiel a tu Palabra, ser como María y elegir la parte mejor, ser oveja que distingue y escuche tu voz, ser sarmiento unida a Tí que eres la vid… siempre tu voluntad.

Pero si en algún momento de esta vida pasajera la inquietud de Marta sobrevuela mi respiro, como ella tenga la confianza ciega, la fe de Marta seguridad plena y de que apesar de todo mi petición sea:   «ser tu amiga,                                                                                     porque toda amistad es un milagro de reciprocidad sincera, que como Marta sea acogedora, dando siempre un lugar en mi casa cuidando los detalles, y sirviendo humildemente a lo que tu dispongas».

No me pides que me retire del mundo, pero si que no sea mundana, es necesaria, por tanto, la oración resistiendo la tentación del «hacer por hacer». Por eso te ruego me ayudes a que pueda distinguir, un órden de prioridad, de precedencia. Que pueda confluir el mundo y la santidad, para que en mi corazón pueda unir el cielo y la tierra.

Ojalá esté abierta a la gracia, y hoy y siempre escuche tu voz!.                                                    Y te responda en medio de las pruebas, amar al Padre como lo hiciste Tú, Jesús, y al prójimo como exigencia tuya, Maestro, Amigo, Salvador del mundo, Luz de la naciones.

Extr. en parte de la L C.

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

Alma Atribulada… En esta Hora…

El abismo de tu Corazón nos ha arrastrado, Jesús, con la fuerza de tu amor y de tus lágrimas… Tus tristezas son un cielo… Qué misterio impenetrable , y qué suavísimo consuelo, saber que Tú has llorado!… Cuán elocuente es tu palabra de paz, cuando al salir de tus labios temblorosos de emoción, ha debido pasar entre sollozos y ha brotado de lo íntimo de tu alma, mortalmente entristecida !… Aquí nos tienes, pues trayéndote, Señor, muchos dolores, y también las aflicciones de tantos infortunados y dolientes que te adoran… Qué bien puedes comprender Tú, Jesús, ese mar de penas, cuyas aguas amarguísimas sumergieron tu alma benditísima!…

 

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Y mira Maestro, te nombro en primer lugar a los que sufren pobreza y enfermedades… Aquí mismo, entre los que queremos acompañarte en esta Hora Santa, o entre sus queridos deudos hay tal vez enfermos y hay necesidades…  Con cuánta compasión miraste siempre a los enfermos!… Con qué ternura buscaron tus ojos la lepra, las heridas, los miembros paralizados  y los ojos sin luz, para sanarlos con una sonrisa y con una bendición de amor!…

Y si ellos nos podrían ir en busca tuya,  Tú te adelantabas, hendías la turba… Tú pasabas por el camino que yacían… los mirabas… les tendías la mano y te seguían sanos de cuerpo y de conciencia… Ah ! pero mucho más numerosos que ellos son los pobres…, los que trabajan rudamente y que sufren penurias…, necesidades de pan, de abrigo, de remedios de solaz… Qué podemos decirte a Tí,  el Pobre divino, de los sufrimientos de los pobres, que no lo sepas ya, Nazareno,  encantador de tu pobreza?… Tuviste hambre…, sentiste frío… Ah! y más que todo, sufriste el desdén y la posposición con que el mundo trata a los que no tienen casa, ni campos, ni dinero… Qué podias ser Tú-decían tus acusadores- qué podias pedir con derecho en Israel?… Qué podía pretender en Nazareth, señalado com el hijo de un humilde carpintero?… Acuerdate en esta Hora de semejante humillación y pon los ojos en tantos pobres que padecen…, en tantos enfermos que sufren…

Te pedimos por todos ellos el don de tu paz y el obsequio de tu bendición milagrosa… Dales la recompensa de tu resignación… Oh!, si, y en cuánto convenga a la gloria de tu Corazón, da también el alivio temporal a tantos enfermos…, Tú que cuidas con desvelos de la espiga del campo, y de la avecita de la montaña…, bendice ahora con particular ternura a los afligidos para quienes pedimos las aguas vivas y la fortuna de tu adorable Corazón…

P. Mateo Crawley- Boebey.

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.