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Padre de los Padres…

 

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Bendecido día 21 de Junio de 2015, celebrando el Don de la Vida, el Don de la
Paternidad…

 

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Lluvia de Bendiciones para Ti.

 

Dios Te Escribe Una Carta…

Puede ser que tú no me conozcas, pero Yo sé todo acerca de ti … Yo sé cuándo te sientas y cuándo te levantas …  … Todos tus caminos me son conocidos …

Conozco cuántos cabellos hay en tu cabeza, pues fuiste hecho a mi imagen …

Te conocí desde antes que fueses concebido…

 

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Te escogí cuando planifiqué la creación … tú no fuiste un error; todos tus días están escritos en mi Libro …fuiste hecho maravillosamente. Yo te formé en el vientre de tu madre.

Te saqué de las entrañas de tu madre el día en que naciste …he sido mal presentado por los que no me conocen . Yo no estoy lejos ni enojado; soy la completa expresión del amor, manifestado en mi Hijo, Jesús .

Es mi deseo amarte, simplemente, porque fuiste creado para ser mi hijo/a y Yo ser tu Padre. Yo te ofrezco más de lo que tus padres te han dado o te darían jamás.

Porque Yo soy el Padre perfecto … toda buena dádiva que recibes procede de Mí … Yo soy tu Proveedor y suplo todas tus necesidades. Mi plan para tu futuro está lleno de esperanza.

Porque te amo con amor eterno … Mis pensamientos hacia ti son incontables, como la arena del mar … Yo estoy en medio de ti y te salvaré; me gozaré sobre ti con alegría.

Nunca dejaré de hacerte bien … si oyes mi palabra y la guardas, serás mi especial tesoro, deseo plantarte con todo mi corazón y con toda mi alma. Deseo mostrarte cosas grandes y maravillosas … Aún lo que no tienes pensado.

Si me buscas con todo el corazón, me encontrarás …deléitate en mí y Yo te concederé los deseos de tu corazón …aunque parezcan irrealizables.

Porque Yo soy el que pongo en ti el querer como el hacer … Soy poderoso para hacer en ti mucho más de lo que tú te imaginas. Yo soy tu gran Consolador …Soy el Padre que te consuela en todas tus tribulaciones .

Yo estoy cerca de ti cuando tu corazón está quebrantado …como el pastor carga a su oveja Yo, te he llevado cerca de mi corazón …y un día quitaré toda lágrima de tus ojos y todo el dolor que has sufrido en la tierra.

Yo te amo tanto, que envié a mi Hijo, Jesús, para que tengas vida eterna …porque en Jesús es revelado mi amor por ti. Él es la representación exacta de mi ser. Él vino a demostrarte que Yo estoy por ti, no contra ti.

Y para decirte que no me acordaré más de tus pecados …Jesús murió para que tú te reconciliaras conmigo …Su muerte fue la máxima expresión de mi amor por ti. Yo lo di todo por ganar tu amor.

Ven a casa y celebraré la fiesta más grande que el cielo haya visto jamás … siempre he sido y siempre seré …Padre …

Mi pregunta para ti es … ¿Quieres ser mi hijo/a? … Estoy con los brazos abiertos esperándote, no importa como te encuentres, que pecados tengas, Solo quiero amarte…

Lluvia de Bendiciones para Ti.

 

La Maternidad de María, Nuestra Madre …

 

El Concilio Vaticano II habla así de María al pie de la cruz: «También la Santísima Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado» (Lumen Gentium, 58.) . Consentir en la inmolación de la víctima que ella había engendrado fue como inmolarse a sí misma.

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«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» Evangelio según San Juan (Jn 19,25-30).

Al estar «de pie» junto a la cruz, la cabeza de María quedaba a la altura de la cabeza inclinada de su Hijo. Sus miradas se encontraron. Cuando le dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Jesús la miró y por eso no sintió necesidad de llamarla por su nombre para distinguirla de las demás mujeres. ¿Quién podrá penetrar el misterio de aquella mirada entre la madre y el Hijo en aquella hora? Una alegría tremendamente dolorida pasaba de uno a otra, como el agua entre los vasos comunicantes, y esa alegría provenía del hecho de que ya no ofrecían la menor resistencia al dolor, de que estaban sin defensas ante el sufrimiento, de que se dejaban inundar libremente por él. A la lucha le sucedía la paz. Habían llegado a ser una sola con el dolor y el pecado de todo el mundo. Jesús en primera persona, como «víctima de propiciación por los pecados del mundo entero» (1 Jn 2,2); María indirectamente, por su unión corporal y espiritual con su Hijo.

Lo último que hizo Jesús, antes de adentrarse en la oscuridad de la agonía y de la muerte, fue adorar amorosamente la voluntad de su Padre. María lo siguió también en eso: también ella adoró la voluntad del Padre antes de que descendiese sobre su corazón una terrible soledad y se hiciese la oscuridad en su interior, como se hizo la oscuridad «sobre toda aquella región» (cf Mt 27,45). Y aquella soledad y aquella adoración se quedaron clavadas allí, en el centro de su vida, hasta la muerte, hasta que llegó también para ella la hora de la resurrección.

Un salmo que la liturgia aplica a María dice: «Todos han nacido allí… Se dirá de Sión: ‘Uno por uno todos han nacido en ella…’ El Señor escribirá en el registro de los pueblos: ‘Éste ha nacido allí»’ (Sal 87,2ss). Es verdad: todos hemos nacido allí; se dirá de María, la nueva Sión: Uno por uno todos han nacido en ella. En el libro de Dios está escrito, de mí, de ti, de todos y cada uno, incluso de los que todavía no lo saben: «¡Este ha nacido allí!»

¿Pero no hemos sido regenerados por la «palabra de Dios, viva y duradera» (1 P 1,23)? ¿No hemos «nacido de Dios» (Jn 1,13) y renacido «del agua y del Espíritu» (Jn 3,5)? Ciertísimo, pero eso no quita para que, en otro sentido, hayamos nacido también de la fe y del sufrimiento de María. Si Pablo, que era servidor de Cristo, pudo decir a sus fieles: «por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús» (1 Co 4,15), ¡ con cuánta mayor razón podrá decirlo María, que es su Madre! ¿Quién, mejor que ella, puede hacer suyas aquellas palabras del Apóstol: «Hijos míos, a quienes doy a luz de nuevo» (Ga 4,19)? Ella nos da a luz «de nuevo» en este momento, porque nos ha dado ya a luz por primera vez en la encarnación, cuando entregó al mundo la «Palabra de Dios viva y eterna» que es Cristo, en la que hemos renacido.

 Desde el siglo XV. Algunos temían que se quisiera poner a María al mismo nivel de Cristo. En realidad, la enseñanza de la Iglesia destaca con claridad la diferencia entre la Madre y el Hijo en la obra de la salvación, ilustrando la subordinación de la Virgen, en cuanto cooperadora, al único Redentor.

 Por lo demás, el apóstol Pablo, cuando afirma: «Somos colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), sostiene la efectiva posibilidad que tiene el hombre de colaborar con Dios. La cooperación de los creyentes, que excluye obviamente toda igualdad con él, se expresa en el anuncio del Evangelio y en su aportación personal para que se arraigue en el corazón de los seres humanos.

 El término «cooperadora» aplicado a María cobra, sin embargo, un significado específico. La cooperación de los cristianos en la salvación se realiza después del acontecimiento del Calvario, cuyos frutos se comprometen a difundir mediante la oración y el sacrificio.

Por el contrario, la participación de María se realizó durante el acontecimiento mismo y en calidad de madre; por tanto, se extiende a la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Solamente ella fue asociada de ese modo al sacrificio redentor, que mereció la salvación de todos los hombres. En unión con Cristo y subordinada a él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad.

El particular papel de cooperadora que desempeñó la Virgen tiene como fundamento su maternidad divina. Engendrando a Aquel que estaba destinado a realizar la redención del hombre, alimentándolo, presentándolo en el templo y sufriendo con él, mientras moría en la cruz, «cooperó de manera totalmente singular en la obra del Salvador» (Lumen gentium, 61). Aunque la llamada de Dios a cooperar en la obra de la salvación se dirige a todo ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la redención de la humanidad representa un hecho único e irrepetible

El Vaticano II no sólo presenta a María como la «madre del Redentor», sino también como «compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas», que colabora «de manera totalmente singular a la obra del Salvador con su obediencia, fe, esperanza y ardiente amor».

Recuerda, asimismo, que el fruto sublime de esa colaboración es la maternidad universal: «Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia» (Lumen gentium, 61).

Por tanto, podemos dirigirnos con confianza a la Virgen santísima, implorando su ayuda, conscientes de la misión singular que Dios le confió: colaboradora de la redención, misión que cumplió durante toda su vida y, de modo particular, al pie de la cruz.

María en el orden de la vida espiritual es nuestra querida Mamá…Feliz quien a descubierto la gracia de sabernos sus hijos…  

 

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Lluvia de Bendiciones para Ti.

Fiesta Mariana de la Natividad…

«CONCEDERÉ TODAS LAS GRACIAS QUE ME PIDAN LAS PERSONAS QUE ME HONREN EN MI INFANCIA, PUES ES UNA DEVOCIÓN MUY OLVIDADA». 

Oración:
¡Oh! Santísima Virgen Niña, que viniendo al mundo consolaste la tierra que en Ti saludó la aurora de la Redención por los prodigios de gracia que derramaste entre nosotros, escucha piadosa mis súplicas.

En las penas que me afligen y especialmente en la necesidad que en este momento me oprime, toda mi esperanza está en Ti, ¡oh dulce Virgencita! Muéstrame pues que el tesoro de gracias que dispensas es inagotable, porque ilimitado es tu poder sobre el Corazón paternal de Dios.

 

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Escucha ¡oh Virgen Niña! mi ardiente súplica y alabaré eternamente la bondad de tu Corazón …

¡Que grande gozo e incomparable alegría debe tener todo el mundo el día de vuestro sagrado nacimiento, ¡oh niña benditísima! pues con la luz que vos, como alba divina, le trajisteis, se bañó de nueva claridad y comenzó a respirar! A toda la Santísima Trinidad alegrasteis con vuestro nacimiento; al Padre por haber nacido su dulce esposa, al Hijo porque habías de ser su Madre, y al Espíritu Santo porque erais su templo, y por su virtud habíais de concebir en vuestro vientre virginal al Verbo Eterno.

Los santos patriarcas vieron en este día cumplidos sus deseos; los profetas acabadas aquellas sombras y figuras debajo de las cuales tantas veces os dibujaron y pintaron, los ángeles su Reina y Señora, y los hombres de honra, ornamento y gloria de todo el linaje humano; y finalmente, todos los judíos y gentiles, justos y pecadores tienen hoy causa de particular regocijo, por haber salido a luz la que había de darnos al que es luz y vida del mundo.

Hoy nace una clara estrella,  tan divina y celestial,  que, con ser estrella, es tal,  que el mismo sol nace de ella.

De Ana y de Joaquín, oriente  de aquella estrella divina,  sale luz clara y digna  de ser pura eternamente;  el alba más clara y bella  no le puede ser igual,  que, con ser estrella, es tal,  que el mismo Sol nace de ella.

No le iguala lumbre alguna  de cuantas bordan el cielo,  porque es el humilde suelo  de sus pies la blanca luna:  nace en el suelo tan bella  y con luz tan celestial,  que, con ser estrella, es tal,  que el mismo Sol nace de ella.

Gloria al Padre, y gloria al Hijo,  gloria al Espíritu Santo,  por los siglos de los siglos. Amén.

Feliz Cumpleaños Madre!

Lluvia de Bendiciones para Ti.

Nazareno, Redentor, Cristo de las Penas…

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ORACION Y NOVENA A “JESÚS NAZARENO”

Entra Jesús, a mi hogar y bendice uno por uno los seres que me son tan queridos y haz que disfrutemos de la paz redentora. Aléjanos con tu santa mirada de todo cuánto pueda perjudicarnos y quitarnos la tranquilidad. Derrama tus fluidos divinos en todas las almas para que podamos comer el pan que tú nos das sin amarguras y de cuánto pueda dañarnos. Sálvanos señor, con tu grandísimo poder. Éstas son las súplicas adorado Nazareno, así recoge siempre, como el Padre Poderoso, la petición del hijo que te llama.

Un Credo para las almas del purgatorio. (Con licencia Eclesiástica).

N O V E N A

                       ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

Oh, Señor y Dios mío! Animado por vuestra infinita bondad y por los continuos favores que otorgáis a los que imploran delante de vuestra Imagen, misericordia y perdón, a Vos acudo, oh Padre mío, Jesús Nazareno, para ofreceros mis humildes obsequios y presentaros las necesidades de mi pobre alma. Confieso que os he ofendido con grandes faltas, que he repetido sin cesar; pero ya arrepentido, las detesto de veras y propongo ayudado de nuestra gracia enmendarme en lo venidero. Movido, pues, de estos sentimientos, os ruego, ¡oh mi buen Jesús!, que, por los dolores de vuestra Pasión, atendáis las súplicas que os dirijo en esta novena, si son de vuestro agrado y de provecho para mi alma. Amén.

Hacer Petición.

Bendito sea el nombre de Jesús, Bendito sea el nombre de María.

Jesús Nazareno, remedia mis necesidades. Jesús Nazareno, que tus ojos vean mis penas. Jesús Nazareno, que tus oídos escuchen mis súplicas.

Redentor Divino que a las tinieblas das Luz, consuela mi alma triste por las tres caídas que diste con el madero de la Cruz.

Lleno de amor vengo a Ti a postrarme a tus divinas plantas, a acercarme a tus llagas a sentir el rocío de tu Sangre Bendita y a pedirte lo que tú puedes concederme.

Se rezan 3 Padres Nuestros y 3 Aves Marías, Gloria.

                          ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh, dulce y amado Padre mío, Jesús Nazareno! Al considerar vuestro amor y la bondad con que me habéis acogido en este día, un grito de gratitud se escapa de mis labios y el recuerdo de vuestras misericordias embarga mi alma. Por ganar mi amor bajasteis a la tierra y sufristeis toda clase de penas y trabajos y muerte de cruz. Por mí también, llegando al colmo de todas las bondades, os quedasteis en el Sacramento del altar, queriendo ser nuestro manjar, consuelo y perpetuo compañero. ¿Qué más? Por nuestro amor os presentáis en esa Imagen coronada de espinas, atado con duros cordeles y vestido con hábito de humildad y de paciencia. ¡Gracias, Señor, por todo!, y a fin de corresponder a vuestros favores, os pido la gracia de cumplir siempre vuestra ley, imitar vuestras virtudes y vivir y morir en vuestro amor. Amén.

Gracias a los hermanos de La Cofradía del Santísimo Cristo de las Penas., por tan hermosa foto.

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

Jesús: Llena hoy mi ser…

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Si en tu exámen de conciencia reconoces que eres pecador, arrepiéntete y ve a Jesús, quien vino  para salvar a los pecadores,  ve a la Fuente de Misericordia. Él y sólo Él sacia nuestra alma de agua viva…

Jesucristo  nos dice: “el que cree en Mi, tiene vida eterna” Juan 6:47

Dame agua viva, llena hoy mi ser, ven y sáciame con tu verdad.
El don de Dios se nos ofrece gratuitamente en Jesucristo. El agua que se nos da en abundancia, fundamento de nuestra esperanza, es el amor Padre derramado en el Hijo, es decir en el gran desconocido, el Espíritu Santo Paráclito.

Él es quien nos habla… El agua que brota para la vida eterna, es e la única que sacia el anhelo de todo hombre: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo . ¿cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?» (Sal 42,3).  –

Jesús: Llena hoy mi ser y sáciame con tu verdad…

Lluvia de Bendiciones para Ti.

SACERDOTE PARA SIEMPRE…

 

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Mi Señor Todopoderoso y humilde, Hijo de la Virgen Concebida sin mancha. El más bello, el más rico, el más poderoso.                                                                       El más perfecto y cumplido de todos los amantes. Mi salvador y mi dueño.        

Te suplico santifiques al Santo Padre, a todos los sacerdotes y seminaristas del mundo. Apártalos de las tentaciones, y líbralos del maligno, del mundo, de la carne, y cuando los lobos de los sentidos los asalten, ¡Sálvalos por medio de María! Mi Señor de misericordia infinita danos muchas familias santas cuyos frutos sean muchos sacerdotes santos…                                                      

Virgen María, Reina de los sacerdotes, junto con tu Divino Esposo, el Espíritu Santo ¡Transfórmalos a todos en tu Hijo Jesús! Amén.

SALMO 109, 1-5. 7
El Mesías, Rey y Sacerdote

Oráculo del Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies». Desde Sión extenderá el Señor el poder de tu cetro: somete en la batalla a tus enemigos.

Eres príncipe desde el día de tu nacimiento, entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora».

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec».

El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará a los reyes. En su camino beberá del torrente, por eso levantará la cabeza.

 

 

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Tu, Dios nuestro, juraste establecer a tu Hijo sacerdote eterno según el orden de Melquisedec; y éste, llegado a la perfección, es causa de salvación para todos los que le obedecen. Aviva en nosotros, partícipes del sacerdocio de Cristo, la seguridad de entrar en el santuario, donde nuestros enemigos -el pecado y la muerte- serán puestos por estrado de tus pies. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.                                                              Ángel Aparicio y José Cristo Rey García

 

Acto de Confianza en Dios  de San Claudio de la Colombiere:  ; duda, una de sus oraciones más bellas.  Es la conclusión          del

Esta es, sin duda, una de sus oraciones más bellas. Es la conclusión del discurso 682, que trata precisamente de la confianza en Dios.

Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda toda las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes. Mas yo dormiré en paz y descansaré; porque Tú ¡Oh Señor! Y sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno para arrancármela. Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza.

A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su confianza.

Por tanto, estoy seguro de que seré eternamente feliz, porque firmemente espero serlo y porque de Vos ¡oh Dios mío! Es de Quien lo espero. En Ti esperé , Señor, y jamás seré confundido.

Bien conozco ¡ah! Demasiado lo conozco, que soy frágil e inconstante; sé cuanto pueden las tentaciones contra la virtud más firme; he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento; pero nada de esto puede aterrarme. Mientras mantenga firme mi esperanza, me conservaré a cubierto de todas las calamidades; y estoy seguro de esperar siempre, porque espero igualmente esta invariable esperanza.

En fin, estoy seguro de que no puedo esperar con exceso de Vos y de que conseguiré todo lo que hubiere esperado de Vos. Así, espero que me sostendréis en las más rápidas y resbaladizas pendientes, que me fortaleceréis contra los más violentos asaltos y que haréis triunfar mi flaqueza sobre mis más formidables enemigos. Espero que me amaréis siempre y que yo os amaré sin interrupción ; y para llevar de una vez toda mi esperanza tan lejos como puedo llevarla, os espero a Vos mismo de Vos mismo ¡oh Creador mío! Para el tiempo y para la eternidad. Así sea.de

Lluvia de Bendiciones para Ti.