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Mirad la Obra del Amor…Que todo lo Engrandece

 

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Con tinta de amapola se escriben los asuntos del alma.                                       Con tinta de amapolas se escribe la memoria del sueño.                                          Con tinta de amapolas diseño un refugio, un escudo,                                              un vuelo y un cielo, porque el alma tiene de amapola                                                el color, lo suave, lo frágil.                                                                                             Las arrugas y también lo etéreo, lo efímero  y lo que se lleva el viento.

Carlos Alvarado

 

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Esta absoluta pequeñez del hombre delante de Dios muestra que todo lo
que existe es querido por Dios con su voluntad y su libertad: todo lo que existe es bueno y fruto del amor (cfr.  Gn1).

El poder de Dios no es limitado ni en el espacio ni en el tiempo, y por  eso  su  acción  creadora  es  don  absoluto:  es  amor.

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

María dijo Si a la Vida…

 

 

298111_488073147932814_798353893_nMaría pide una respuesta, no propiamente para entender los designios de Dios, sino para llevarlos a cabo…

María se entrega a una completa disponibilidad para todo lo que Dios le presenta , hacer la Voluntad de lo que se le regala….se anonada a si misma en humildad y se hace esclava de la promesa…

 

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Es el FIAT único. San Agustín afirma que María “concibió a Dios en su corazón antes que en su cuerpo”. 

Se dispuso realizar  el camino con prontitud  y nos enseñó los gestos de encuentro que nos deben caracterizar: servir  y portar a Jesucristo muy dentro para poder revelarlo a quienes aún no lo conocen como el «Amor Grande». 

Es así que es maestra que orienta nuestro caminar en el tiempo y en la historia. 

En María está representada la figura femenina : delicada, concentrada, silenciosa…

María agradece y adora, se deja amar . María anuncia lo que siente; y es Jesús el que procede a la acción. Ella es la intercesora de necesidades de hombres y mujeres.

 

María la 298111_488073147932814_798353893_nujer de fe es camino que conduce al Camino verdadero…Ella ha creído en su Hijo, ha escuchado su palabra y la ha cumplido…

María es fruto del AMOR…

Dios te bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

Feliz Nacimiento !!! 

LA DECISIÓN…MARCA LA VIDA…

 

Cuantas veces nuestras ataduras pasan solo por un hilo de seda. La incertidumbre, la turbación que experimentamos cuando tenemos que tomar una decisión…frecuentemente, no vemos el paso, hacia mas adelante; y muchas veces es que nos provoca miedo, la decisión que va a marcar toda nuestra vida…Es que supone una determinación que nos sostendrá en la esperanza con carácter definitivo.

 

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Las opciones que marcan el rumbo, se sostienen en medio de las dificultades y de las luchas, que nos hacen pasar por situaciones interiores que requieren la aceptación, la entrega del sufrir, y sostenerlas; nos hacen llevar el peso de la libertad. Ir por donde la Vida quedará marcada, es como se sintiera más, el peso de lo que significa ser libre.

 Es necesario mantenernos en paz mientras tomamos decisiones importantes, no apurarnos, muchas veces el apuro puede hacernos equivocar, ir despacio no significa dejar la decisión, sino ponderarla, darle el peso que ella misma necesita para no perder la oportunidad de vivir en plenitud; eso que estamos decidiendo.

Pedir el auxilio para no errar en la decisión. Siempre hay cosas por las que elegir, en cualquier edad. Ser determinado, ser decidido, y se encuentra en la vida momentos que somos incapaces de ver la decisión…. Que será que me llevó a eso? Así podemos descubrir que es de Dios lo que va a pasando. Hacer camino acompasando la marcha.

En nuestra búsqueda no tenemos que ir por mucho sino observar que hay rumbos sostenidos por donde vamos yendo…  cuando el ejercicio de la libertad que tengo no encuentro respuesta, sólo se me manifiesta la obra de hacer bien, por el Bien mismo… Dios nos llama a la felicidad …

Y lo que mas cuesta comprender es:  Será que Él quiere esto para mi vida? Tantas veces obrando bien no encontramos el porque o el para que del sufrimiento que se nos es dado.Con el tiempo descubrimos que sirven para fortalecimiento, crecimiento.

Un dolor grande es un preludio de una gracia grande.

Podemos sacar mucho fruto de aquello que se presenta y no hemos buscado. La conciencia de permanecer en esa situación insospechada, pero que ha sido permitida para algo, es provecho de mucho fruto. Los momentos mas duros, los más ricos suelen ser los momentos de mayor plenitud; si los sabemos vivir en paz. El dolor interior, el del corazón, es el lugar mas doloroso que hay que atravesar. Jesús sabe que allí en la cruz, en la prueba, justamente esta la fuerza, la sabiduría escondida.

Vos y yo pidamos la gracia de estar a la altura, de no escaparnos, de nos escondernos… abracemos este caminar transformando la vida en alegría…

Si esto es lo que se presenta, lo quiero así, nada se compara con tu compañía…la vida que elegí se me irá en Ti, dueño de mi amor. Lo mejor de mi se complete en Ti…. Lo que siento vine a mi, y no me arrepirnto de ser todo lo que soy…

Extr. de Cateq.P. Javier.

 Lluvia de Bendiciones para Ti.

La Maternidad de María, Nuestra Madre …

 

El Concilio Vaticano II habla así de María al pie de la cruz: «También la Santísima Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado» (Lumen Gentium, 58.) . Consentir en la inmolación de la víctima que ella había engendrado fue como inmolarse a sí misma.

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«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» Evangelio según San Juan (Jn 19,25-30).

Al estar «de pie» junto a la cruz, la cabeza de María quedaba a la altura de la cabeza inclinada de su Hijo. Sus miradas se encontraron. Cuando le dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Jesús la miró y por eso no sintió necesidad de llamarla por su nombre para distinguirla de las demás mujeres. ¿Quién podrá penetrar el misterio de aquella mirada entre la madre y el Hijo en aquella hora? Una alegría tremendamente dolorida pasaba de uno a otra, como el agua entre los vasos comunicantes, y esa alegría provenía del hecho de que ya no ofrecían la menor resistencia al dolor, de que estaban sin defensas ante el sufrimiento, de que se dejaban inundar libremente por él. A la lucha le sucedía la paz. Habían llegado a ser una sola con el dolor y el pecado de todo el mundo. Jesús en primera persona, como «víctima de propiciación por los pecados del mundo entero» (1 Jn 2,2); María indirectamente, por su unión corporal y espiritual con su Hijo.

Lo último que hizo Jesús, antes de adentrarse en la oscuridad de la agonía y de la muerte, fue adorar amorosamente la voluntad de su Padre. María lo siguió también en eso: también ella adoró la voluntad del Padre antes de que descendiese sobre su corazón una terrible soledad y se hiciese la oscuridad en su interior, como se hizo la oscuridad «sobre toda aquella región» (cf Mt 27,45). Y aquella soledad y aquella adoración se quedaron clavadas allí, en el centro de su vida, hasta la muerte, hasta que llegó también para ella la hora de la resurrección.

Un salmo que la liturgia aplica a María dice: «Todos han nacido allí… Se dirá de Sión: ‘Uno por uno todos han nacido en ella…’ El Señor escribirá en el registro de los pueblos: ‘Éste ha nacido allí»’ (Sal 87,2ss). Es verdad: todos hemos nacido allí; se dirá de María, la nueva Sión: Uno por uno todos han nacido en ella. En el libro de Dios está escrito, de mí, de ti, de todos y cada uno, incluso de los que todavía no lo saben: «¡Este ha nacido allí!»

¿Pero no hemos sido regenerados por la «palabra de Dios, viva y duradera» (1 P 1,23)? ¿No hemos «nacido de Dios» (Jn 1,13) y renacido «del agua y del Espíritu» (Jn 3,5)? Ciertísimo, pero eso no quita para que, en otro sentido, hayamos nacido también de la fe y del sufrimiento de María. Si Pablo, que era servidor de Cristo, pudo decir a sus fieles: «por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús» (1 Co 4,15), ¡ con cuánta mayor razón podrá decirlo María, que es su Madre! ¿Quién, mejor que ella, puede hacer suyas aquellas palabras del Apóstol: «Hijos míos, a quienes doy a luz de nuevo» (Ga 4,19)? Ella nos da a luz «de nuevo» en este momento, porque nos ha dado ya a luz por primera vez en la encarnación, cuando entregó al mundo la «Palabra de Dios viva y eterna» que es Cristo, en la que hemos renacido.

 Desde el siglo XV. Algunos temían que se quisiera poner a María al mismo nivel de Cristo. En realidad, la enseñanza de la Iglesia destaca con claridad la diferencia entre la Madre y el Hijo en la obra de la salvación, ilustrando la subordinación de la Virgen, en cuanto cooperadora, al único Redentor.

 Por lo demás, el apóstol Pablo, cuando afirma: «Somos colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), sostiene la efectiva posibilidad que tiene el hombre de colaborar con Dios. La cooperación de los creyentes, que excluye obviamente toda igualdad con él, se expresa en el anuncio del Evangelio y en su aportación personal para que se arraigue en el corazón de los seres humanos.

 El término «cooperadora» aplicado a María cobra, sin embargo, un significado específico. La cooperación de los cristianos en la salvación se realiza después del acontecimiento del Calvario, cuyos frutos se comprometen a difundir mediante la oración y el sacrificio.

Por el contrario, la participación de María se realizó durante el acontecimiento mismo y en calidad de madre; por tanto, se extiende a la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Solamente ella fue asociada de ese modo al sacrificio redentor, que mereció la salvación de todos los hombres. En unión con Cristo y subordinada a él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad.

El particular papel de cooperadora que desempeñó la Virgen tiene como fundamento su maternidad divina. Engendrando a Aquel que estaba destinado a realizar la redención del hombre, alimentándolo, presentándolo en el templo y sufriendo con él, mientras moría en la cruz, «cooperó de manera totalmente singular en la obra del Salvador» (Lumen gentium, 61). Aunque la llamada de Dios a cooperar en la obra de la salvación se dirige a todo ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la redención de la humanidad representa un hecho único e irrepetible

El Vaticano II no sólo presenta a María como la «madre del Redentor», sino también como «compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas», que colabora «de manera totalmente singular a la obra del Salvador con su obediencia, fe, esperanza y ardiente amor».

Recuerda, asimismo, que el fruto sublime de esa colaboración es la maternidad universal: «Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia» (Lumen gentium, 61).

Por tanto, podemos dirigirnos con confianza a la Virgen santísima, implorando su ayuda, conscientes de la misión singular que Dios le confió: colaboradora de la redención, misión que cumplió durante toda su vida y, de modo particular, al pie de la cruz.

María en el orden de la vida espiritual es nuestra querida Mamá…Feliz quien a descubierto la gracia de sabernos sus hijos…  

 

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Lluvia de Bendiciones para Ti.

LOS MAIZALES…

¡Oh, tierra, oh tierra! oh, mi tierra mía…
¡Oh, apacible mañana, nacida para sonreír con dulzura!

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Verdes maizales, montes, viejos caseríos; manzanos que el rojo fruto abruma, todo ello velado por una tenue niebla, todo ello dorado por el sol…

Oh, tierra mía, ojalá fuese tuya, y cultivándote me saciarías de tu premio… 

Benito.

Lluvia de Bendiciones para Ti.