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María dijo Si a la Vida…

 

 

298111_488073147932814_798353893_nMaría pide una respuesta, no propiamente para entender los designios de Dios, sino para llevarlos a cabo…

María se entrega a una completa disponibilidad para todo lo que Dios le presenta , hacer la Voluntad de lo que se le regala….se anonada a si misma en humildad y se hace esclava de la promesa…

 

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Es el FIAT único. San Agustín afirma que María “concibió a Dios en su corazón antes que en su cuerpo”. 

Se dispuso realizar  el camino con prontitud  y nos enseñó los gestos de encuentro que nos deben caracterizar: servir  y portar a Jesucristo muy dentro para poder revelarlo a quienes aún no lo conocen como el «Amor Grande». 

Es así que es maestra que orienta nuestro caminar en el tiempo y en la historia. 

En María está representada la figura femenina : delicada, concentrada, silenciosa…

María agradece y adora, se deja amar . María anuncia lo que siente; y es Jesús el que procede a la acción. Ella es la intercesora de necesidades de hombres y mujeres.

 

María la 298111_488073147932814_798353893_nujer de fe es camino que conduce al Camino verdadero…Ella ha creído en su Hijo, ha escuchado su palabra y la ha cumplido…

María es fruto del AMOR…

Dios te bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

Feliz Nacimiento !!! 

A MIS HIJOS

 

INSTRUCCIONES DE VUELO billedCAUK1C3A

 

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Ahora que te echas a volar

a la dudosa luz del alba
sin otro asidero ni guía
que los de tu propia mirada

y vas a tener que aprender a distinguir filón de ganga,
a abrirte paso, a situarte,
a resistir la marejada,

escoge bien a las personas
con las que emprendas tu jornada:
tu vida es tuya, nunca cedas
si otros quieren arrebatártela.

Un buen amigo es un tesoro,
el malo es peor que chatarra;
elige bien, recuerda siempre
que las apariencias engañan.

Tras simpatías y sonrisas
puede anidar la puñalada;
ni rostro ni voz ni expresión
son siempre el espejo del alma.

No te guíes por etiquetas,
haz poco caso de las marcas,
fíate más del corazón
y de las obras, que no fallan.

Yo he escuchado a más de un buenazo
defendiendo ideas bastardas
y a redomados sinvergüenzas
predicando hermosas palabras.

Hay buena gente en todas partes
y en todas partes hay canallas,
en las iglesias, los partidos,
en los palacios, las cabañas;

no es el color el responsable
de la buena o la mala entraña:
rojos, azules, blancos, negros,
en todas partes cuecen habas.

Tú piensa a dónde quieres ir,
en si es tu elección la adecuada,
y en el esfuerzo y el valor
y la paciencia necesarias.

Sé siempre fiel a la verdad,
nunca te engañes, no hagas trampas;
en tu interior habla una voz
veraz, no dejes de escucharla.

La vida es harto caprichosa,
imprevisible y arbitraria,
por eso conviene actuar
con decisión, plantarle cara.

No es bueno dejarse llevar,
la corriente todo lo arrastra,
hay que aguantar firme el timón
si quieres conducir la barca.

Procura hacer las cosas bien
en tu trabajo, hagas lo que hagas;
la obra bien hecha es la mejor
presentación y la más clara.

Es buena la imaginación,
vuelve las cosas menos chatas,
pero a veces la fantasía
juega también malas pasadas.

No te distraigas con señuelos
y no te pierdas por las ramas;
tú a lo tuyo con decisión,
perspectiva y perseverancia.

Ni cicatera timidez
ni osadía injustificada:
que no te falte la prudencia
ni te abandone la constancia.

Pon cuanto puedas de tu parte
para triunfar en la jugada;
la vida es sueño, el soñador
que mejor sueña es quien la gana.

Aunque te hieran, tú no hieras,
tampoco engañes si te engañan;
huye de la provocación;
porque otros hacen, tú no hagas.

No te olvides de cuando eras
inocente; brota en la infancia         
un manantial que nunca cesa:
calma tu sed con esa agua.

Nada es el alma sin el cuerpo,
poco es el cuerpo falto de alma;
vive mientras puedas vivir,
puede que después no haya nada.

A la suerte, échale una mano
si viene bien encaminada,
y si se tuerce, échale un pulso,
que no te achante por ser mala.

Y nunca olvides el amor,
motor del mundo: arriesga y ama.
Ayuda a ser felices a otros,
verás tu dicha en su mirada.

Y si te aman, como esperas
y deseo, si eres amada,
entra en la guerra del amor
y emplea tus mejores armas

en la conquista y la defensa
de la dicha; aprésala, abrázala,
no hay pelea más digna que esa
ni hay mejor campo de batalla.

La vida, la vida, la vida
te está esperando; ve a buscarla,
descúbrela, disfrútala,
emprende el vuelo, abre tus alas.

Jesús Munárriz.

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Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

Santa Catalina de Siena.

Santa Catalina,
amada esposa de Cristo,
que fuiste iluminada por Dios
para ser consejera en la fe y en la verdad
de Papas, Obispos y hombres importantes
de tu tiempo,
intercede por los Pastores de la Iglesia
por la sabiduría para guiar al Pueblo de Dios,
el amor para hacerse cargo de las heridas del hombre de hoy,
el valor parta indicar el camino de la Verdad.

Tu corazón entregado totalmente a Jesús
te permitió leer la realidad
de la vida y del mundo con Sus ojos,
recibir las pequeñas y grandes necesidades
de la humanidad y de la Iglesia;
tú , verdadera mujer de Dios, ayúdanos
a ver la vida con la mirada de Dios,
a tomar decisiones justas y sabias
para nosotros y parta las personas
que el Señor nos ha confiado.

¡Santa Catalina de Siena,
ruega por nosotros!

Amén.

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Benedicto XVI: Catalina de Siena, copatrona de Europa

Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 24 de noviembre de 2010- Ofrecemos a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció hoy durante la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI con peregrinos procedentes de todo el mundo.

* * * * *

Queridos hermanos y hermanas,

hoy quisiera hablaros de una mujer que ha tenido un papel eminente en la historia de la Iglesia. Se trata de santa Catalina de Siena. El siglo en que vivió – el decimocuarto – fue una época difícil para la vida de la Iglesia y para todo el tejido social en Italia y en Europa. Con todo, incluso en los momentos de mayor dificultad, el Señor no cesa de bendecir a su Pueblo, suscitando Santos y Santas que sacudan las mentes y los corazones provocando conversión y renovación. Catalina es una de estas y aún hoy nos habla y nos empuja a caminar con valor hacia la santidad para ser de forma cada vez más plena discípulos del Señor.

Nacida en Siena, en 1347, en una familia muy numerosa, murió en su ciudad natal en 1380. A la edad de 16 años, impulsada por una visión de santo Domingo, entró en la Orden Terciaria Dominica, en la rama femenina llamada Mantellate [llamadas así por llevar un manto negro, n.d.t.]. Permaneciendo con la familia, confirmó el voto de virginidad que había hecho de forma privada cuando era aún adolescente, se dedicó a la oración, a la penitencia, a las obras de caridad, sobre todo en beneficio de los enfermos.

Cuando la fama de su santidad se difundió, fue protagonista de una intensa actividad de consejo espiritual hacia toda categoría de personas: nobles y hombres políticos, artistas y gente del pueblo, personas consagradas, eclesiásticos, incluido el papa Gregorio XI, que en aquel periodo residía en Aviñón y a quien Catalina exhortó enérgica y eficazmente a volver a Roma. Viajó mucho para solicitar la reforma interior de la Iglesia y para favorecer la paz entre los Estados: también por este motivo el Venerable Juan Pablo II la quiso declarar Copatrona de Europa: para que el Viejo Continente no olvide nunca las raíces cristianas que están en la base de su camino y siga tomando del Evangelio los valores fundamentales que aseguran la justicia y la concordia.

Catalina sufrió mucho, como muchos Santos. Alguno pensó incluso que había que desconfiar de ella hasta el punto de que en 1374, seis años antes de su muerte, el capítulo general de los Dominicos la convocó a Florencia para interrogarla. Le pusieron al lado a un fraile docto y humilde, Raimundo de Capua, futuro Maestro General de la Orden. Convertido en su confesor y también en su “hijo espiritual”, escribió una primera biografía completa de la Santa. Fue canonizada en 1461.

La doctrina de Catalina, que aprendió a leer con dificultad y a escribir cuando era ya adulta, está contenida en el Diálogo de la Divina Providencia o bien Libro de la Divina Doctrina, una obra maestra de la literatura espiritual, en su Epistolario y en la colección de las Oraciones. Su enseñanza está dotada de una riqueza tal que el Siervo de Dios Pablo VI, en 1970, la declaró Doctora de la Iglesia, título que se añadía al de Copatrona de la Ciudad de Roma, por voluntad del Beato Pío IX, y de Patrona de Italia, por decisión del Venerable Pío XII.

En una visión que nunca se borró del corazón y de la mente de Catalina, la Virgen la presentó a Jesús, que le dio un espléndido anillo, diciéndole: «Yo, tu Creador y Salvador, te desposo en la fe, que conservarás siempre pura hasta cuando celebres conmigo en el cielo tus bodas eternas” (Raimundo de Capua, S. Catalina de Siena, Legenda maior, n. 115, Siena 1998). Ese anillo le era visible solo a ella. En este episodio extraordinario advertimos el centro vital de la religiosidad de Catalina y de toda auténtica espiritualidad: el cristocentrismo. Cristo es para ella como el esposo, con el que hay una relación de intimidad, de comunión y de fidelidad; es el bien amado sobre cualquier otro bien.

Esta unión profunda con el Señor está ilustrada por otro de la vida de esta insigne mística: el intercambio del corazón. Según Raimundo de Capua, que transmite las confidencias recibidas de Catalina, el Señor Jesús se le apareció con un corazón humano rojo resplandeciente en la mano, le abrió el pecho, se lo introdujo y dijo: “Queridísima hija, como el otro día tomé el corazón tuyo que me ofrecías, he aquí que ahora te doy el mío, y de ahora en adelante estará en el lugar que ocupaba el tuyo” (ibid.). Catalina vivió verdaderamente las palabras de san Pablo, “…no vivo yo, sino que Cristo vive en mi» (Gal 2,20).

Como la santa de Siena, todo creyente siente la necesidad de conformarse a los sentimientos del Corazón de Cristo para amar a Dios y al prójimo como el mismo Cristo ama. Y todos nosotros podemos dejarnos transformar el corazón y aprender a amar como Cristo, en una familiaridad con Él nutrida por la oración, por la meditación sobre la Palabra de Dios y por los Sacramentos, sobre todo recibiendo frecuentemente y con devoción la santa Comunión. También Catalina pertenece a este grupo de santos eucarísticos con la que quise concluir mi Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis (cfr n. 94). Queridos hermanos y hermanas, la Eucaristía es un extraordinario don de amor que Dios nos renueva continuamente para nutrir nuestro camino de fe, revigorizar nuestra esperanza, inflamar nuestra caridad, para hacernos cada vez más semejantes a Él.

Alrededor de una personalidad tan fuerte y auténtica se fue construyendo una verdadera y auténtica familia espiritual. Se trataba de personas fascinadas por la autoridad moral de esta joven mujer de elevadísimo nivel de vida, y quizás impresionadas también por los fenómenos místicos a los que asistían, como los frecuentes éxtasis. Muchos se pusieron a su servicio y sobre todo consideraron un privilegio ser guiados espiritualmente por Catalina. La llamaban “mamá”, pues como hijos espirituales tomaban de ella la nutrición del espíritu.

También hoy la Iglesia recibe un gran beneficio del ejercicio de la maternidad espiritual de tantas mujeres, consagradas y laicas, que alimentan en las almas el pensamiento de Dios, refuerzan la fe de la gente y orientan la vida cristiana hacia cimas cada vez más elevadas. “Hijo os digo y os llamo – escribe Catalina dirigiéndose a uno de sus hijos espirituales, el cartujo Giovanni Sabatini -, en cuanto que os doy a luz a través de continuas oraciones y deseo en presencia de Dios, así como una madre da a luz a su hijo» (Epistolario, Carta n. 141: A don Giovanni de’ Sabbatini). Al fraile dominico Bartolomeo de Dominici solía dirigirse con estas palabras: «Dilectísimo y queridísimo hermano e hijo en el dulce Jesucristo».

Otro rasgo de la espiritualidad de Catalina está ligado al don de las lágrimas. Estas expresan una sensibilidad exquisita y profunda, capacidad de conmoción y de ternura. No pocos santos tuvieron el don de las lágrimas, renovando la emoción del mismo Jesús, que no reprimió ni escondió su llanto ante el sepulcro del amigo Lázaro y al dolor de María y de Marta, y a la vista de Jerusalén, en sus últimos días terrenos. Según Catalina, las lágrimas de los Santos se mezclan con la Sangre de Cristo, de la que ella habló con tonos vibrantes y con imágenes simbólicas muy eficaces: “Tened memoria de Cristo crucificado, Dios y hombre (…). Poneos por objetivo a Cristo crucificado, escondeos en las llagas de Cristo crucificado, ahogaos en la sangre de Cristo crucificado» (Epistolario, Carta n. 16: A uno cuyo nombre se calla).

Aquí podemos comprender por qué Catalina, aún consciente de las debilidades humanas de los sacerdotes, hubiese tenido siempre una grandísima reverencia por ellos: ellos dispensan, a través de los Sacramentos y la Palabra, la fuerza salvífica de la Sangre de Cristo. La Santa de Siena invitó siempre a los sagrados ministros, también al Papa, a quien llamaba “dulce Cristo en la tierra», a ser fieles a sus responsabilidades, movida siempre y solo por su amor profundo y constante por la Iglesia. Antes de morir dijo: “Partiendo del cuerpo yo, en verdad, he consumido y dado la vida en la Iglesia y por la Iglesia Santa, lo cual me es de singularísima gracia» (Raimundo de Capua, S. Caterina da Siena, Legenda maior, n. 363).

De santa Catalina, por tanto, aprendemos la ciencia más sublime: conocer y amar a Jesucristo y a su Iglesia. En el Diálogo de la Divina Providencia, ella, con una imagen singular, describe a Cristo como un puente lanzado entre el cielo y la tierra. Está formado por tres escalones constituidos por los pies, el costado y la boca de Jesús. Elevándose a través de estos escalones, el alma pasa a través de las tres etapas de todo camino de santificación: el desapego del pecado, la práctica de las virtudes y del amor, la unión dulce y afectuosa con Dios.

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos de santa Catalina a amar con valor, de forma intensa y sincera, a Cristo y la Iglesia. Hagamos nuestras para ello las palabras de santa Catalina que leemos en el Diálogo de la Divina Providencia, en la conclusión del capítulo que habla de Cristo-puente: «Por misericordia nos has lavado en la Sangre, por misericordia quisiste conversar con las criaturas. ¡Oh Loco de amor! ¡No te bastó encarnarte, sino que quisiste también morir! (…) ¡Oh misericordia! El corazón se me ahoga al pensar en ti: a dondequiera que me vuelva a pensar, no encuentro sino misericordia» (cap. 30, pp. 79-80). Gracias.

[En español dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de Chile, España, México, República Dominicana y otros países latinoamericanos. Siguiendo el ejemplo y la enseñanza de Santa Catalina de Siena, os invito a todos a amar a Cristo y a la Iglesia con un amor cada vez más intenso y sincero. Muchas Gracias.

Lluvia de Bendiciones para Ti.

Porque tu Vida es nuestra vida… ese es tu Cuerpo

Cuerpo entregado,                                                                                                                                su Cuerpo era eucarístico
mucho antes de que fuera ofrecido en el Sacramento.
En la Última Cena
su Cuerpo se desposó para siempre
… con el signo del pan.
Ese pan antes había sido multiplicado
para el hambre de la gente,
convirtiéndolo en milagro.
Su Cuerpo también ya estaba entregado desde el comienzo:
En su concepción y gestación,
en su nacimiento y crecimiento,
en su bautismo entre las aguas.
En las tentaciones de cuarenta días
-gustando el ayuno solitario del desierto-
conoció la primera cuaresma de su Cuerpo.
En sus caminatas
y en su sed del mediodía
pidiendo agua a la Samaritana;
en sus manos extendidas, tocando a los leprosos;
o mezclando su saliva con barro
para dar luz a los ojos.
en su bendición a los niños;
en su sueño y su cansancio, quedándose dormido en la barca;
en su paso firme, caminando entremil barroua a la Samaritana las aguas;
en sus milagrosas curaciones
y en su Transfiguración entre fulgores.
Todo en Él era Cuerpo entregado;
Carne fragmentada;
Divino contacto para nuestro tacto.
Todo era anticipo
de lo que un día nos daría
como comida y bebida.
Todo su Cuerpo siempre fue Sacramento,
Tienda de Dios para el encuentro.
Todo su Cuerpo
-desde el principio-
fué Eucaristía.

Autor : Eduardo Casas

ULTIMA_CENA

 

 

 

 

ORACIÓN AL CRISTO DEL CALVARIO

 

 

Penas_cabeza

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,

cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,

cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,

huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,

estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta.

Amén.