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Todos Estamos Llamados A Ser Santos…

 

La Iglesia Católica identifica a los Santos como aquellos que han dedicado gran esfuerzo en que su propia vida sea los más agradable posible ante los ojos del Señor.

 

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La Santidad es la felicidad completa…la realización de los cristianos, la Bienaventuranza; es cumplir el sueño que Dios tiene sobre cada uno de nosotros…y que hay que descubrirlo por difícil que parezca o se presente…

El Señor nos llama a todos  ala santidad.. es un llamamiento universal, sin condición de estado, según su camino. El cristiano por el bautismo está llamado a la plenitud de la vida cristiana. Nos pertenece por propia vocación buscar el Reino de Dios.

Es allí donde estemos, realizando lo mejor posible en medio de los demás; que podemos encaminar el camino  a la santidad viviendo el amor. Descubramos el apetito de sobrenaturalidad; todo nos queda chico en la medida de este mundo.

Nunca llegaremos a hacerlo del todo, pero siempre un poquito más. No es necesario hacer cosas raras, o grandes. Presagiar cotidianamente en medio de esta ruta hasta llegar a consumar perfectamente cuando estemos cara a cara con el Creador…

El caminar hacia la santidad se inicia aquí alcanzando la plenitud en la vida futura. Tengamos siempre la concreción de tener nuestra mirada siempre mirando al Cielo….

Para el que AMA nada es difícil…haciendo un camino. No existe un modelo de santidad… sino sencillamente hay vivir en el…Es única para cada existencia. Aún en las peores crisis, aún en estado de pecado permanente, nadie está excluido de la santidad…

Tener claro y presente, que solo Dios puede llenar el corazón humano. Nuestro Salvador está siempre dispuesto a los sedientos…La principal asignatura por así decirlo u objetivo que debemos perseguir es la Santidad…en medio de la multiplicidad de este mundo

Oh Amor que arde siempre y no se apaga nunca… Mándame lo que quieras…mucho te busqué…y en mi ser habitabas…Dame lo que mandas…y manda lo que quieras..

Todo es pura Gracia de Dios. Entre gracia y pecado, entre caída y camino libre… Comprendiendo y no así, lo que día a día nos va presentando la vida, transitando simplemente hasta la completa aceptación de lo que se pone por delante es permitido para alcanzar la perfecta felicidad; a la que fuimos llamados…

Entre tristezas y alegrías…pero siguiendo adelante con el único fin de sabernos que estamos en camino…en ruta, en marcha, no en la Patria Definitiva.

No dejemos de tender hasta ella para así llegar un día a su término.

Dios Te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

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Eleva los ojos al Cielo, y si quieres… Te acompaño en el Camino.

Con los pies descalzos, elevando  los ojos al cielo como hablándole al Gran Amigo puedes descubrir los acontecimientos de hoy; que aunque a veces halla cosas que no entiendas, Dios las permite poniendo instrumentos o personas en nuestro camino.

 

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Estos nos ayudan a comprender que a pesar de los sufrimientos dolorosos, podemos mirar con ojos de fe; con mirada contemplativa, observando que aún de esos dolores vividos de niño a convertirte en el hombre que sos, o de niña a la  mujer de hoy…podemos sabernos amados con un amor infinito.

Siempre nos sostienen el caminar de otros a nuestro lado. Parece que caminamos equivocados, pero aprenderemos en las dificultades que el » Gran Amor » escribe derecho en renglones torcidos.

«Si Quieres Te  Acompaño En El Camino»

Ponte delante del escritor Sagrado y descubrirás más de quien eres. Encontrarás así el sentido de nuestro caminar…porque se despliega el amor?.  E irrumpe en la historia personal sacando lo mejor de nosotros mismos!.

Comprenderás que hay un propósito…un plan de amor para cada uno de nosotros… que al estar leyendo observarás que es a Vos que te lo estoy escribiendo, todo lo que tuviste que vivir, permitió que te hagas fuerte desplegando alas; a pesar de las pruebas, adquiriste dones, conocimientos y es justamente lo que aconteció en tu peregrinación hasta llegar a esta etapa de tu vida, lo que posibilita que puedas enfrentar con valentía los desafíos que están aconteciendo .

La vocación o la misión que tienes nunca podría realizarse en soledad, porque como cada uno de nosotros; has sido creado para que te acompañen y para lograrlo siempre tenemos que apoyarnos en otro. Nadie puede nada solo. Hay que tener la humildad para saber pedir ayuda.

Cada día se libra la batalla  de nuestra vida, de «Tu vida», lo importante es darse cuenta que no estamos solos…

Desde el principio cuando te necesite desde el momento cuando la mirada alcé, desde ese día cuando solo me encontraba; cuando tu mirada en mi se fue a poner, supe que me amabas, lo entendí …Si quieres te acompaño en el camino… Y en el camino vamos conversando. Y al conversar, tus hombros se descargan; descargas, pues tu peso voy llevando. 

Pues pesa el peso de tu desencanto y es tu resignación aún más pesada.  Pero te sostendré. Yo sé que ya no crees en nuestro sueño.
Buscas seguridad retrocediendo, pero hasta en dirección equivocada lo mío
es ir contigo,compañero.  

Pues es posible ver de otra manera la trama que se te hizo tan confusa y de la historia mía y de la tuya ya no te escaparás, ni tendrás miedo.
Verás la historia como historia abierta y la esperanza arder su ardor sereno. Y brillará en tu fe de caminante mi nombre y mi misterio de “camino» y de mi fiel estar-acompañando
tu amor de acompañante será el signo.

El encuentro con el Otro que nos llega, aparece, casi ni se lo nombra …aparece…en el caminar del día a día. Nosotros que venimos de Dios siempre en favor de la vida , Tú, eres ese nosotros, y si te abres; sin ponerte ningún caparazón, ninguna coraza; se te revelará el Milagro que tienes un propósito, un proyecto de amor, abandónate en clave de Fe.

Aprende a discernir que siempre habrá alguien que te necesita, que si has sido lastimado, no tienes porque volver a tropezar en la alborada. Que todos somos distintos, pero irrepetibles ante quien nos pensó desde siempre. Que ningún nacimiento es un  error. Nuestros encuentro no tiene error… porque recuerda cada vida encierra un propósito desde toda la eternidad.

Cada uno de nosotros tiene algo que hacer antes de que la hermana muerte nos encuentre, y sería maravilloso que nos sorprenda teniendo las manos llenas …sólo confía. Desde niña he oído que el Creador nos busca en medio de la tormenta, del laberinto y se abre así la confianza en las manos de Dios. Es en nuestra pequeñez donde se manifiesta el poder; es cuando te das cuenta que nada eres, y lo eres todo al mismo tiempo. Es allí en esa nada donde te inspirará palabras armoniosas cuando tengas que hablar.

Puedes pensar:  se me puede venir el final, sea lo que fuere que va a pasar, pide mirando al cielo palabras dulces , palabras oportunas, suaves que tengan el poder de la verdad que se revela.

El Invierno ha pasado y un nuevo tiempo se presenta, algo hermoso florecerá y di con voz serena Amigo, muchas veces me cuesta reconocerte, pero eres el Hacedor de todo lo que acontece, dame hoy todas las gracias que necesito para cumplir en medio de este desierto lo que tu me presentas y hasta diría que me pides…Tú dispón en mi de todas las cosas para mi bien, sea en el campo material, corporal y espiritual aún sin comprender…

Algunas estrofas tomadas de la canción de Eduardo Meana.

Todo esto lo cierra un abrazo profundo.

Dios te Bendiga , Hoy, Mañana y Siempre.

NO DEJES DE SOñAR…

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Así como cambian las estaciones del año, las hojas de los árboles también cambian, así sucede con el paisaje interior de nuestra vida, este también cambia…

Es sorprendente como podemos regresar a ese niño interior que un día no muy lejano, hemos sido, el niño de la risa franca y desenvuelta, abierta, sin dobleces… de las caricias sensibles, envueltas en papeles de ternura y sabores a vainilla…a chocolate… ese niño que tenemos dentro y al que nadie debería dejar dormido en ningún rincón; u olvidado como algún juguete al que ya, le hemos perdido afecto…

Para los niños la vida solo se vive, se dona, se ofrece sin esperar recompensa, porque para el niño la vida es «EL HOY»… lo que sólo ahora acontece…

Para ti, para mi, es parar en este ser adulto y detenernos en mirarnos muy adentro…en escuchar entre todas las voces que vuelan al viento; pero que primero escalan en la mente y así, regresar en un instante paralizando las dolorosas situaciones que nuestra vida acarrea desde la infancia… dando lugar a un continuo oleaje de emociones que sin equilibrio no sabemos donde encauza.

Rememorando que en el ser Hombre o Mujer que somos, indefinidamente estará el niño que fuimos…

Recuerda que un niño desea obtener sueños que a medida que pase el tiempo pueden o no concretarse…y más aún cuando se siente que no lo merece…Y hemos sido creados para ser felices… No dejes de soñar… No dejes de traer tu niño interno y que acontezca la realidad absoluta de descubrir que estamos vivos, que hay esperanza.  Que el perfume de las flores nos lleve a darnos cuenta que todo vale la pena…que lo que tus manos construyen trae la innegable generosidad del alma de ese niño que tienes muy dentro, pero que anhela y siente poder dar y darse a manos  llenas y que cada instante se hace infinito y tiene para quien saber ver, mas allá de los sueños una mirada de eternidad…

Vive intensamente el presente, atesorando los recuerdos en un cofre muy valioso y confía tu futuro a las manos del Creador, ese futuro no nos pertenece, sólo Él puede llevar a buen puerto la obra comenzada…

Lluvia de Bendiciones para Ti.

MIRA LA VIDA…

Contemplando lo profundo e inmenso del cielo infinito, comprendo que lo único que poseo en este momento, en este rato de tiempo… es este día de hoy, de ahora…por lo mismo es que no puedo perder de vista de vivirlo y disfrutarlo feliz, como si fuera el único día que tengo, abriendo los brazos, abierta a recibir…abierta a compartir porque todo lo que doy a los demás es un regalo que recibo a mi misma. Simplemente gozar lo que Tú mi Creador quieras para mí.

La vida que me has regalado en este día quiero vivirla enteramente y toda junta… pues la has provisto de pequeños detalles de amor, delicadezas, valiosa de belleza y bendición…Tenía razón aquel poeta que declaraba:

«Mira a este día, porque es la mismísima Vida»…

 

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El sumo bien que hoy vivo ejerce concretamente y representa en un todo lo vivido ayer una ilusión ya realizada; pero que fundamenta la capacidad de interpretar nuestra peregrinación en cada amanecer con la Luz que nos viene de lo alto…

«Dulce Esperanza»…que recrea …

Respiro en cada flor, vuelo en cada pajarillo, todo es belleza y sabiduría bajo el sol… compruebo que la sabiduría está en todos los espacios donde resalta la belleza y confío que perfeccionas lo que no se muestra como tal pero, que desde el hoyo y los obstáculos sacas bien para plenificar mi vida.

Estemos abiertos a recibir en gratitud y en amor, para continuar en la medida que nos sea posible el mañana prometido…

La noche es clara como el día. Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, Señor de todo corazón por este GRAN DÍA… Salmo 138.

CELEBRANDO LA VIDA!!!.

Seas Eternamente Bendecida Gina…

Salmo 148

ALABANZA DEL DIOS CREADOR

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo todos sus ejércitos.
Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.
Alabadlo, espacios celestes
y aguas que cuelgan en el cielo.
Alaben el nombre del Señor,
porque él lo mandó, y existieron.
Les dió consistencia perpetua
y una ley que no pasará.
Alabad al Señor en la tierra,
cetáceos y abismos del mar,
rayos, granizo, nieve y bruma,
viento huracanado que cumple sus
órdenes, montes y todas las sierras,
árboles frutales y cedros, fieras
y animales domésticos,
reptiles y pájaros que vuelan.
Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños,
alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra;
él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido.

 

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Este salmo, invita a ambas partes del mundo, la militante  y la purgante, la 
que somos capaz de percibir a través de los sentidos, la que somos capaces de distinguir con facilidad la belleza que se nos ha reglado  y la impalpable, la que no tiene realidad física.

Lo mismo hizo el profeta Isaías, cuando dijo: 
«¡Aclamad, cielos, y exulta, tierra! (…), pues Dios ha consolado a su pueblo»
(Is 49, 13). Bendito seas Rey de Israel, nos has elegido y no defraudas, siempre tu prescencia acompaña y nos ayuda a elevarnos para nuestra crecimeinto eterno… Nuestro corazón se goza en Tí, abundantemente…

Al  unirnos a este inmenso coro, convirtiéndonos en portavoces claros de toda criatura y alabando a Dios en las dos dimensiones fundamentales de su misterio.  Nuestro corazón se goza en Tí, abundantemente…                             Por una parte, debemos adorar su grandeza trascendente, «porque sólo su nombre es sublime, su majestad está sobre el cielo y la tierra»

Por eso alazamos nuestras voces para decir :Nuestro corazón se goza en Tí, abundantemente…  

Sos el Dios cercano a sus criaturas y vienes especialmente en ayuda de tu pueblo: 
«Él aumenta el vigor de su pueblo,…su pueblo escogido» (v. 14), como afirma
también el salmista.

Toda es bella la Creación y cuán bello es el Amado!. Bendito seas por siempre Señor… a Tí sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lluvia de Bendiciones para Tí.

Himno matutino

 
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Creador sempiterno de las cosas
que diriges el curso de los tiempos.
Tú restauras la fuerza de la tierra
alternando los días y las noches.
 
 
Ya pregona la aurora vigilante
la llegada felíz del nuevo día
presurosos salgamos a su encuentro,
emprendamos alegres la mañana.
 
 
Pon tus ojos, Jesús, sobre nosotros,
no nos cubra la noche del pecado,
a tu luz las tinieblas se iluminan,
las maldades en llanto se desatan.
 
 
 
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Enardece, Señor, los corazones,
multiplica el anhelo de las almas,
suba a Tí como ofrenda mañanera
la oración y los cantos de tus siervos.
 
 
Bendición, alabanza y poderío
a Dios Padre y al Hijo, luz del mundo
en unión del Espírítu divino
desde siempre, por siempre y para siempre. Amén.
 
 
Ignacio Larrañaga.

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Lluvia de Bendiciones para Tí.

Meditación del SALMO 136

Catequesis del Papa Benedicto XVI (de la Audiencia General del 19 de octubre de 2011):

Hoy quiero meditar con vosotros un Salmo que resume toda la historia de la salvación testimoniada en el Antiguo Testamento. Se trata de un gran himno de alabanza que celebra al Señor en las múltiples y repetidas manifestaciones de su bondad a lo largo de la historia de los hombres; es el Salmo 136, o 135 según la tradición greco-latina.
 
Este Salmo, solemne oración de acción de gracias, conocido como el «Gran Hallel», se canta tradicionalmente al final de la cena pascual judía y probablemente también Jesús lo rezó en la última Pascua celebrada con los discípulos; a ello, en efecto, parece aludir la anotación de los evangelistas: «Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos». El horizonte de la alabanza ilumina el difícil camino del Calvario. Todo el Salmo 136 se desarrolla en forma de letanía, ritmado por la repetición antifonal «porque es eterna su misericordia». A lo largo de la composición, se enumeran los numerosos prodigios de Dios en la historia de los hombres y sus continuas intervenciones a favor de su pueblo; y a cada proclamación de la acción salvífica del Señor responde la antífona con la motivación fundamental de la alabanza: el amor eterno de Dios, un amor que, según el término judío utilizado, implica fidelidad, misericordia, bondad, gracia, ternura. Este es el motivo unificador de todo el Salmo, repetido siempre de la misma forma, mientras cambian sus manifestaciones puntuales y paradigmáticas: la creación, la liberación del éxodo, el don de la tierra, la ayuda providente y constante del Señor a su pueblo y a toda criatura.
 
Después de una triple invitación a la acción de gracias al Dios soberano, se celebra al Señor como Aquel que realiza «grandes maravillas», la primera de las cuales es la creación: el cielo, la tierra, los astros. El mundo creado no es un simple escenario en el que se inserta la acción salvífica de Dios, sino que es el comienzo mismo de esa acción maravillosa. Con la creación, el Señor se manifiesta en toda su bondad y belleza, se compromete con la vida, revelando una voluntad de bien de la que brota cada una de las demás acciones de salvación. Y en nuestro Salmo, aludiendo al primer capítulo del Génesis, el mundo creado está sintetizado en sus elementos principales, insistiendo en especial sobre los astros, el sol, la luna, las estrellas, criaturas magníficas que gobiernan el día y la noche. Aquí no se habla de la creación del ser humano, pero él está siempre presente; el sol y la luna son para él —para el hombre—, para regular el tiempo del hombre, poniéndolo en relación con el Creador sobre todo a través de la indicación de los tiempos litúrgicos.
2365870773_155d881286_o    A continuación se menciona precisamente la fiesta de la Pascua, cuando, pasando a la manifestación de Dios en la historia, comienza el gran acontecimiento de la liberación de la esclavitud de Egipto, del éxodo, trazado en sus elementos más significativos: la liberación de Egipto con la plaga de los primogénitos egipcios, la salida de Egipto, el paso del mar Rojo, el camino por el desierto hasta la entrada en la tierra prometida. Estamos en el momento originario de la historia de Israel. Dios intervino poderosamente para llevar a su pueblo a la libertad; a través de Moisés, su enviado, se impuso al faraón revelándose en toda su grandeza y, al final, venció la resistencia de los egipcios con el terrible flagelo de la muerte de los primogénitos. Así Israel pudo dejar el país de la esclavitud, con el oro de sus opresores, «triunfantes» (Ex 14, 8), con el signo exultante de la victoria.
También en el mar Rojo el Señor obra con poder misericordioso. Ante un Israel asustado al verse perseguido por los egipcios, hasta el punto de lamentarse por haber abandonado Egipto, Dios, como dice nuestro Salmo, «dividió en dos partes el mar Rojo y condujo por en medio a Israel. Arrojó al faraón y a su ejército». La imagen del mar Rojo «dividido» en dos parece evocar la idea del mar como un gran monstruo al que se corta en dos partes y de esta forma se vuelve inofensivo.
2733_pmosescallstunnelopenshr1 El poder del Señor vence la peligrosidad de las fuerzas de la naturaleza y de las fuerzas militares puestas en acción por los hombres: el mar, que parecía obstruir el camino al pueblo de Dios, deja pasar a Israel a la zona seca y luego se cierra sobre los egipcios, arrollándolos. «La mano fuerte y el brazo extendido» del Señor se muestran de este modo con toda su fuerza salvífica: el opresor injusto queda vencido, tragado por las aguas, mientras que el pueblo de Dios «pasa en medio» para seguir su camino hacia la libertad.
 
A este camino hace referencia ahora nuestro Salmo recordando con una frase brevísima el largo peregrinar de Israel hacia la tierra prometida: «Guió por el desierto a su pueblo, porque es eterna su misericordia» (v. 16). Estas pocas palabras encierran una experiencia de cuarenta años, un tiempo decisivo para Israel que, dejándose guiar por el Señor, aprende a vivir de fe, en la obediencia y en la docilidad a la ley de Dios. Son años difíciles, marcados por la dureza de la vida en el desierto, pero también años felices, de familiaridad con el Señor, de confianza filial; es el tiempo de la «juventud», como lo define el profeta Jeremías hablando a Israel, en nombre del Señor, con expresiones llenas de ternura y de nostalgia: «Recuerdo tu cariño juvenil, el amor que me tenías de novia, cuando ibas tras de mí por el desierto, por tierra que nadie siembra» (Jr 2, 2). El Señor, como el pastor del Salmo 23 que contemplamos en una catequesis, durante cuarenta años guió a su pueblo, lo educó y amó, conduciéndolo hasta la tierra prometida, venciendo también las resistencias y la hostilidad de pueblos enemigos que querían obstaculizar su camino de salvación.
 
En la enumeración que hace nuestro Salmo de las «grandes maravillas» se llega así al momento del don conclusivo, a la realización de la promesa divina hecha a los Padres: «Les dio su tierra en heredad, porque es eterna su misericordia; en heredad a Israel su siervo, porque es eterna su misericordia». En la celebración del amor eterno del Señor, ahora se hace memoria del don de la tierra, un don que el pueblo debe recibir sin posesionarse nunca de ella, viviendo continuamente en una actitud de acogida agradecida y grata. Israel recibe el territorio donde habitar como «herencia», un término que designa de modo genérico la posesión de un bien recibido de otro, un derecho de propiedad que, de modo específico, hace referencia al patrimonio paterno. Una de las prerrogativas de Dios es la de «donar»; y ahora, al final del camino del éxodo, Israel, destinatario del don, como un hijo, entra en el país de la promesa realizada. Se acabó el tiempo del vagabundeo, bajo las tiendas, en una vida marcada por la precariedad. Ahora ha comenzado el tiempo feliz de la estabilidad, de la alegría de construir las casas, de plantar los viñedos…
imagesCAEUMDQT … de vivir en la seguridad. Pero también es el tiempo de la tentación idolátrica, de la contaminación con los paganos, de la autosuficiencia que hace olvidar el Origen del don. Por ello el Salmista menciona la humillación y los enemigos, una realidad de muerte en la que el Señor, una vez más, se revela como Salvador: «En nuestra humillación, se acordó de nosotros: porque es eterna su misericordia. Y nos libró de nuestros opresores: porque es eterna su misericordia».
 
Aquí surge la pregunta: ¿cómo podemos hacer de este Salmo nuestra oración?, ¿cómo podemos apropiarnos de este Salmo para nuestra oración? Es importante el marco del Salmo, el comienzo y el final: es la creación. Volveremos sobre este punto: la creación como el gran don de Dios del cual vivimos, en el cual él se revela en su bondad y grandeza. Por lo tanto, tener presente la creación como don de Dios es un punto común para todos nosotros. Luego sigue la historia de la salvación. Naturalmente nosotros podemos decir: esta liberación de Egipto, el tiempo del desierto, la entrada en la Tierra Santa y luego los demás problemas, están muy distantes de nosotros, no son nuestra historia. Pero debemos estar atentos a la estructura fundamental de esta oración. La estructura fundamental es que Israel se acuerda de la bondad del Señor. En esta historia hay muchos valles oscuros, hay muchos momentos de dificultad y de muerte, pero Israel se acuerda de que Dios era bueno y puede sobrevivir en este valle oscuro, en este valle de muerte, porque se acuerda. Tiene la memoria de la bondad del Señor, de su poder; su misericordia es eterna. Y también para nosotros es importante acordarnos de la bondad del Señor. La memoria se convierte en fuerza de la esperanza. La memoria nos dice: Dios existe, Dios es bueno, su misericordia es eterna. De este modo, incluso en la oscuridad de un día, de un tiempo, la memoria abre el camino hacia el futuro: es luz y estrella que nos guía.
También nosotros recordamos el bien, el amor misericordioso y eterno de Dios. La historia de Israel ya es una memoria también para nosotros: cómo se manifestó Dios, cómo se creó su pueblo. Luego Dios se hizo hombre, uno de nosotros: vivió con nosotros, sufrió con nosotros, murió por nosotros. Permanece con nosotros en el Sacramento y en la Palabra. Es una historia, una memoria de la bondad de Dios que nos asegura su bondad: su misericordia es eterna. Luego también en estos dos mil años de la historia de la Iglesia está siempre, de nuevo, la bondad del Señor. Después del período oscuro de la persecución nazi y comunista, Dios nos ha liberado, ha mostrado que es bueno, que tiene fuerza, que su misericordia es eterna. Y, del mismo modo que en la historia común, colectiva, está presente esta memoria de la bondad de Dios, nos ayuda y se convierte en estrella de la esperanza, así también cada uno tiene su historia personal de salvación, y debemos considerar realmente esta historia, tener siempre presente la memoria de las grandes maravillas que ha hecho también en mi vida, para tener confianza: su misericordia es eterna. Y si hoy me encuentro en la noche oscura, mañana él me libra porque su misericordia es eterna.
imagesCA2M69MT       Volvamos al Salmo porque, al final, se refiere de nuevo a la creación. El Señor —dice así— «da alimento a todo viviente, porque es eterna su misericordia». La oración del Salmo concluye con una invitación a la alabanza: «Dad gracias al Dios del cielo, porque es eterna su misericordia». El Señor es Padre bueno y providente, que da la herencia a sus hijos y proporciona a todos el alimento para vivir. El Dios que creó los cielos y la tierra y las grandes luces celestiales, que entra en la historia de los hombres para llevar a la salvación a todos sus hijos, es el Dios que colma el universo con su presencia de bien cuidando de la vida y donando pan. El poder invisible del Creador y Señor, cantado en el Salmo, se revela en la pequeña visibilidad del pan que nos da, con el cual nos hace vivir. Así, este pan de cada día simboliza y sintetiza el amor de Dios como Padre, y nos abre a la plenitud neotestamentaria, a aquel «pan de vida», la Eucaristía, que nos acompaña en nuestra vida de creyentes, anticipando la alegría definitiva del banquete mesiánico en el cielo.
 
Hermanos y hermanas, la alabanza y bendición del Salmo 136 nos ha hecho recorrer la etapas más importantes de la historia de la salvación, hasta llegar al misterio pascual, donde la acción salvífica de Dios alcanza su culmen. Con gozo agradecido celebremos, por lo tanto, al Creador, Salvador y Padre fiel, que «tanto amó al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16).
3429942018_51eae3881b      En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios se hace hombre para dar la vida, para la salvación de cada uno de nosotros, y se dona como pan en el misterio eucarístico para hacernos entrar en su alianza que nos hace hijos. A tanto llega la bondad misericordiosa de Dios y la sublimidad de su «amor para siempre».
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Por ello, quiero concluir esta catequesis haciendo mías las palabras que san Juan escribe en su Primera Carta y que deberíamos tener presentes siempre en nuestra oración:
«Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3, 1).
Lluvia de Bendiciones para Ti.