Meditación
Dios Te Escribe Una Carta…

Dios Te Escribe Una Carta…

30. octubre, 2014MeditaciónNo comments

Puede ser que tú no me conozcas, pero Yo sé todo acerca de ti … Yo sé cuándo te sientas y cuándo te levantas …  … Todos tus caminos me son conocidos …

Conozco cuántos cabellos hay en tu cabeza, pues fuiste hecho a mi imagen …

Te conocí desde antes que fueses concebido…

 

 

Te escogí cuando planifiqué la creación … tú no fuiste un error; todos tus días están escritos en mi Libro …fuiste hecho maravillosamente. Yo te formé en el vientre de tu madre.

Te saqué de las entrañas de tu madre el día en que naciste …he sido mal presentado por los que no me conocen . Yo no estoy lejos ni enojado; soy la completa expresión del amor, manifestado en mi Hijo, Jesús .

Es mi deseo amarte, simplemente, porque fuiste creado para ser mi hijo/a y Yo ser tu Padre. Yo te ofrezco más de lo que tus padres te han dado o te darían jamás.

Porque Yo soy el Padre perfecto … toda buena dádiva que recibes procede de Mí … Yo soy tu Proveedor y suplo todas tus necesidades. Mi plan para tu futuro está lleno de esperanza.

Porque te amo con amor eterno … Mis pensamientos hacia ti son incontables, como la arena del mar … Yo estoy en medio de ti y te salvaré; me gozaré sobre ti con alegría.

Nunca dejaré de hacerte bien … si oyes mi palabra y la guardas, serás mi especial tesoro, deseo plantarte con todo mi corazón y con toda mi alma. Deseo mostrarte cosas grandes y maravillosas … Aún lo que no tienes pensado.

Si me buscas con todo el corazón, me encontrarás …deléitate en mí y Yo te concederé los deseos de tu corazón …aunque parezcan irrealizables.

Porque Yo soy el que pongo en ti el querer como el hacer … Soy poderoso para hacer en ti mucho más de lo que tú te imaginas. Yo soy tu gran Consolador …Soy el Padre que te consuela en todas tus tribulaciones .

Yo estoy cerca de ti cuando tu corazón está quebrantado …como el pastor carga a su oveja Yo, te he llevado cerca de mi corazón …y un día quitaré toda lágrima de tus ojos y todo el dolor que has sufrido en la tierra.

Yo te amo tanto, que envié a mi Hijo, Jesús, para que tengas vida eterna …porque en Jesús es revelado mi amor por ti. Él es la representación exacta de mi ser. Él vino a demostrarte que Yo estoy por ti, no contra ti.

Y para decirte que no me acordaré más de tus pecados …Jesús murió para que tú te reconciliaras conmigo …Su muerte fue la máxima expresión de mi amor por ti. Yo lo di todo por ganar tu amor.

Ven a casa y celebraré la fiesta más grande que el cielo haya visto jamás … siempre he sido y siempre seré …Padre …

Mi pregunta para ti es … ¿Quieres ser mi hijo/a? … Estoy con los brazos abiertos esperándote, no importa como te encuentres, que pecados tengas, Solo quiero amarte…

Lluvia de Bendiciones para Ti.

 

La Maternidad de María, Nuestra Madre …

La Maternidad de María, Nuestra Madre …

29. septiembre, 2014Catequesis, Espiritualidad, MeditaciónNo comments

 

El Concilio Vaticano II habla así de María al pie de la cruz: “También la Santísima Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” (Lumen Gentium, 58.) . Consentir en la inmolación de la víctima que ella había engendrado fue como inmolarse a sí misma.

 

 

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Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa” Evangelio según San Juan (Jn 19,25-30).

Al estar “de pie” junto a la cruz, la cabeza de María quedaba a la altura de la cabeza inclinada de su Hijo. Sus miradas se encontraron. Cuando le dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Jesús la miró y por eso no sintió necesidad de llamarla por su nombre para distinguirla de las demás mujeres. ¿Quién podrá penetrar el misterio de aquella mirada entre la madre y el Hijo en aquella hora? Una alegría tremendamente dolorida pasaba de uno a otra, como el agua entre los vasos comunicantes, y esa alegría provenía del hecho de que ya no ofrecían la menor resistencia al dolor, de que estaban sin defensas ante el sufrimiento, de que se dejaban inundar libremente por él. A la lucha le sucedía la paz. Habían llegado a ser una sola con el dolor y el pecado de todo el mundo. Jesús en primera persona, como “víctima de propiciación por los pecados del mundo entero” (1 Jn 2,2); María indirectamente, por su unión corporal y espiritual con su Hijo.

Lo último que hizo Jesús, antes de adentrarse en la oscuridad de la agonía y de la muerte, fue adorar amorosamente la voluntad de su Padre. María lo siguió también en eso: también ella adoró la voluntad del Padre antes de que descendiese sobre su corazón una terrible soledad y se hiciese la oscuridad en su interior, como se hizo la oscuridad “sobre toda aquella región” (cf Mt 27,45). Y aquella soledad y aquella adoración se quedaron clavadas allí, en el centro de su vida, hasta la muerte, hasta que llegó también para ella la hora de la resurrección.

Un salmo que la liturgia aplica a María dice: “Todos han nacido allí… Se dirá de Sión: ‘Uno por uno todos han nacido en ella…’ El Señor escribirá en el registro de los pueblos: ‘Éste ha nacido allí”’ (Sal 87,2ss). Es verdad: todos hemos nacido allí; se dirá de María, la nueva Sión: Uno por uno todos han nacido en ella. En el libro de Dios está escrito, de mí, de ti, de todos y cada uno, incluso de los que todavía no lo saben: “¡Este ha nacido allí!”

¿Pero no hemos sido regenerados por la “palabra de Dios, viva y duradera” (1 P 1,23)? ¿No hemos “nacido de Dios” (Jn 1,13) y renacido “del agua y del Espíritu” (Jn 3,5)? Ciertísimo, pero eso no quita para que, en otro sentido, hayamos nacido también de la fe y del sufrimiento de María. Si Pablo, que era servidor de Cristo, pudo decir a sus fieles: “por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús” (1 Co 4,15), ¡ con cuánta mayor razón podrá decirlo María, que es su Madre! ¿Quién, mejor que ella, puede hacer suyas aquellas palabras del Apóstol: “Hijos míos, a quienes doy a luz de nuevo” (Ga 4,19)? Ella nos da a luz “de nuevo” en este momento, porque nos ha dado ya a luz por primera vez en la encarnación, cuando entregó al mundo la “Palabra de Dios viva y eterna” que es Cristo, en la que hemos renacido.

 Desde el siglo XV. Algunos temían que se quisiera poner a María al mismo nivel de Cristo. En realidad, la enseñanza de la Iglesia destaca con claridad la diferencia entre la Madre y el Hijo en la obra de la salvación, ilustrando la subordinación de la Virgen, en cuanto cooperadora, al único Redentor.

 Por lo demás, el apóstol Pablo, cuando afirma: «Somos colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), sostiene la efectiva posibilidad que tiene el hombre de colaborar con Dios. La cooperación de los creyentes, que excluye obviamente toda igualdad con él, se expresa en el anuncio del Evangelio y en su aportación personal para que se arraigue en el corazón de los seres humanos.

 El término «cooperadora» aplicado a María cobra, sin embargo, un significado específico. La cooperación de los cristianos en la salvación se realiza después del acontecimiento del Calvario, cuyos frutos se comprometen a difundir mediante la oración y el sacrificio.

Por el contrario, la participación de María se realizó durante el acontecimiento mismo y en calidad de madre; por tanto, se extiende a la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Solamente ella fue asociada de ese modo al sacrificio redentor, que mereció la salvación de todos los hombres. En unión con Cristo y subordinada a él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad.

El particular papel de cooperadora que desempeñó la Virgen tiene como fundamento su maternidad divina. Engendrando a Aquel que estaba destinado a realizar la redención del hombre, alimentándolo, presentándolo en el templo y sufriendo con él, mientras moría en la cruz, «cooperó de manera totalmente singular en la obra del Salvador» (Lumen gentium, 61). Aunque la llamada de Dios a cooperar en la obra de la salvación se dirige a todo ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la redención de la humanidad representa un hecho único e irrepetible

El Vaticano II no sólo presenta a María como la «madre del Redentor», sino también como «compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas», que colabora «de manera totalmente singular a la obra del Salvador con su obediencia, fe, esperanza y ardiente amor».

Recuerda, asimismo, que el fruto sublime de esa colaboración es la maternidad universal: «Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia» (Lumen gentium, 61).

Por tanto, podemos dirigirnos con confianza a la Virgen santísima, implorando su ayuda, conscientes de la misión singular que Dios le confió: colaboradora de la redención, misión que cumplió durante toda su vida y, de modo particular, al pie de la cruz.

María en el orden de la vida espiritual es nuestra querida Mamá…Feliz quien a descubierto la gracia de sabernos sus hijos…  

 

Lluvia de Bendiciones para Ti.

RESUCITÓ…ALELUYA!       RESUCITÓ… ALELUYA!

RESUCITÓ…ALELUYA! RESUCITÓ… ALELUYA!

22. abril, 2014MeditaciónNo comments

 

Jesús nos hace la invitación : ¿Queremos ser testigos de su resurrección? … para ello nos interpela.

Sígueme y ama como yo he amado el mundo. Seremos testigos quienes estemos dispuestos, sin temores, ni dobleces…tenemos que ponernos los anteojos de Dios y ver con los ojos de la fe.  Aceptar la verdad de la muerte y resurrección de Jesucristo, tendremos que estar dispuestos además a penetrar en el misterio, a hacerlo nuestro, a transmitir esa noticia! hasta querer dar la vida por esa verdad, por esa aparición.

Dar la vida porque he visto a Jesús, Camino, Verdad y Vida… eso evidencia, y expresa ser testigos. El testigo vive lo que anuncia, lo manifiesta en obras, en su forma de vivir el Evangelio. Infunde “majestuoso huella”, da prueba esparciendo el perfume de Cristo con su propia vida. En griego, testigo se dice mártir, y eso es y debe ser el testigo. Por eso el testigo encarna en la propia vida; la muerte y la resurrección de Jesucristo por medio de la entrega, el servicio y el amor. Podemos “atestiguar” la resurrección de Jesucristo sumergidos en  el mandamiento principal. El mandamiento del amor… asegurando el compromiso como dice la canción:  devolver el bien por mal, perdonando de verdad, tratando de esforzarnos en poner paños fríos para apaciguar situaciones…

Verdaderamente quiero ser tu testigo Señor!… por eso:

Señor, hazme un instrumento de tu paz: donde haya odio, ponga yo amor, donde haya ofensas, ponga yo perdón, donde haya discordia, ponga yo unión, donde haya error, ponga yo verdad, donde haya duda, ponga yo fe, donde haya desesperación, ponga yo esperanza, donde haya tiniebla, ponga yo luz, donde haya tristeza, ponga yo alegría.

Oh, Señor, haz que yo no busque tanto el ser consolado como consolar, el ser comprendido, como comprender, el ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe, olvidándose de sí es como se encuentra, perdonando es como se es perdonado, muriendo es como se resucita para la vida eterna.   Así seremos verdaderos testigos de su Resurrección.

Aleluya ! Aleluya! El Señor Resucitó.

Lluvia de Bendiciones para Ti.

 

Madre de mi Confianza…

Madre de mi Confianza…

30. marzo, 2014MeditaciónNo comments

          ¡Reina mía soberana, digna de mi Dios, María!

Gracias por ser Santa María.
Gracias por haberte abierto a la gracia,
y a la escucha de la Palabra,
desde siempre.
Gracias por haber acogido
en tu seno purísimo
a quien es
la Vida y el Amor.
Gracias por haber mantenido
tu “Hágase”
a través de todos
los acontecimientos de tu vida.
Gracias por tus ejemplos
dignos de ser acogidos
y vividos.
Gracias por tu sencillez,
por tu docilidad,
por esa magnífica sobriedad,
por tu capacidad de escucha,
por tu reverencia,
por tu fidelidad,
por tu magnanimidad,
y por todas aquellas virtudes
que rivalizan en belleza
entre sí
y que Dios nos permite
atisbar en Ti.
Gracias por tu mirada maternal,
por tus intercesiones,
tu ternura,
tus auxilios y orientaciones.
Gracias por tantas bondades.
En fin,
gracias por ser Santa María,
Madre del Señor Jesús
y nuestra.
Amén.

Salve, canto de los querubines
y alabanza de los ángeles.
Salve, paz y alegría de la humanidad.
Salve, Jardín de las delicias.
Salve, Árbol de la vida.
Salve, Baluarte de los fieles.
Salve, Puerto de los náufragos.
Salve, reclamo de Adán.
Salve, rescate de Eva.
Salve, Templo santísimo.
Salve, Trono del Señor.
Salve, Virgen, que has aplastado
la cabeza del dragón precipitado al fuego.
Salve, Refugio de los afligidos.
Salve, Rescate de la maldición.
Salve, Madre de Cristo, Hijo de Dios vivo.
A Él toda gloria, honor, adoración y alabanza,
ahora y siempre
y en todo lugar,
por los siglos. Amén.

¡Oh Madre de misericordia!
Intercede ante Dios
y obtén para nosotros la gracia
de la reconciliación cristiana de los pueblos.
Obtén para nosotros las gracias
que en un instante puedan convertir los corazones
humanos,
aquellas gracias que puedan preparar y asegurar la
anhelada paz.
Reina de la Paz,
ruega por nosotros
y logra para el mundo
la paz en la verdad,
en la justicia,
en la caridad de Cristo.
S.S. Pio XII

Gracias por esta hermosa foto a Hijo de María.

Dios te bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

 

Jesús: Llena hoy mi ser…

Jesús: Llena hoy mi ser…

22. marzo, 2014MeditaciónNo comments

Si en tu exámen de conciencia reconoces que eres pecador, arrepiéntete y ve a Jesús, quien vino  para salvar a los pecadores,  ve a la Fuente de Misericordia. Él y sólo Él sacia nuestra alma de agua viva…

Jesucristo  nos dice: “el que cree en Mi, tiene vida eterna” Juan 6:47

Dame agua viva, llena hoy mi ser, ven y sáciame con tu verdad.
El don de Dios se nos ofrece gratuitamente en Jesucristo. El agua que se nos da en abundancia, fundamento de nuestra esperanza, es el amor Padre derramado en el Hijo, es decir en el gran desconocido, el Espíritu Santo Paráclito.

Él es quien nos habla… El agua que brota para la vida eterna, es e la única que sacia el anhelo de todo hombre: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo . ¿cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?» (Sal 42,3).  –

Jesús: Llena hoy mi ser y sáciame con tu verdad…

Lluvia de Bendiciones para Ti.

PRÁÇTICA DE LA DEVOCIÓN DEL AVE MARIA…

PRÁÇTICA DE LA DEVOCIÓN DEL AVE MARIA…

8. enero, 2014MeditaciónNo comments

Rezar por la mañana y por la noche tres Ave Marías de rodillas, añadiendo después de cada Ave María la oración: Oh María, por tu Inmaculada Concepción, haz casto mi cuerpo y santa mi alma. Seguidamente pedirle la bendición a María como verdadera Madre que es. Tener por costumbre  colocarse bajo el manto protector de Nuestra Señora, pidiéndole que nos libre durante el día y la noche de caer en pecado y de cualquier asechanza. Exponer una imagen de la Virgen cerca de nuestra cama para que custodie nuestro sueño.

Rezar el Angelus con las tres Ave Marías al amanecer, al mediodía y al caer la tarde. En tiempo de Pascua se reza el Regina Coeli.

Saludar a la Madre de Dios con el Ave María al oír el reloj. Saludar a la Virgen con el Ave María al salir de casa o al entrar, para que dentro o fuera nos libre del pecado.

Saludar con el Ave María a toda imagen de la Virgen que encontremos.

Rezar un Ave María al principio o al fin de las acciones, ya sean éstas espirituales, ya sean temporales. ¡Dichosas las acciones que van enmarcadas entre dos Ave Marías! Y así, al despertarse por la mañana o al cerrar los ojos para dormir, en toda tentación, en todo peligro, rezar siempre el Ave María.

La Dulce Doncella de Nazaret recibe con gozo este saludo, porque al oírlo reverdece el gozo que sintió cuando el Arcángel San Gabriel le anunció que iba a ser la Madre del Salvador…

Al oírlo todo el cielo se regocija, pero así también tiembla y huye el demonio al instante de nombrar el dulce nombre de María. Invocar a María es para el Hijo anuncio de gracia si es que la misma conviene para la salvación del alma.

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

OJALÁ HOY ESCUCHE TU VOZ!…

OJALÁ HOY ESCUCHE TU VOZ!…

6. noviembre, 2013MeditaciónOne comment

 

Yo tambien escuché : “Este es mi hijo muy querido”, dijo el Padre por Jesús, a quien escucharlo nos encomendó.

Ayúdame, Padre Bueno a ser como María, la fiel que escuchó y guardó la palabra sagrada, aunque a veces no entendía. Llevando una vida donada y entregada. Por eso se transfiguró, y en Madre de Dios se convirtió.

Ayúdame a decir como Pedro “Sólo tú tienes palabras de vida eterna”, y a convertirme en mente y corazón. Para caminar siempre y sólo hacia tí, morando  en tu carpa de luz y eternidad.

Quiero permanecer fiel a tu Palabra, ser como María y elegir la parte mejor, ser oveja que distingue y escuche tu voz, ser sarmiento unida a Tí que eres la vid… siempre tu voluntad.

Pero si en algún momento de esta vida pasajera la inquietud de Marta sobrevuela mi respiro, como ella tenga la confianza ciega, la fe de Marta seguridad plena y de que apesar de todo mi petición sea:   “ser tu amiga,                                                                                     porque toda amistad es un milagro de reciprocidad sincera, que como Marta sea acogedora, dando siempre un lugar en mi casa cuidando los detalles, y sirviendo humildemente a lo que tu dispongas”.

No me pides que me retire del mundo, pero si que no sea mundana, es necesaria, por tanto, la oración resistiendo la tentación del “hacer por hacer”. Por eso te ruego me ayudes a que pueda distinguir, un órden de prioridad, de precedencia. Que pueda confluir el mundo y la santidad, para que en mi corazón pueda unir el cielo y la tierra.

Ojalá esté abierta a la gracia, y hoy y siempre escuche tu voz!.                                                    Y te responda en medio de las pruebas, amar al Padre como lo hiciste Tú, Jesús, y al prójimo como exigencia tuya, Maestro, Amigo, Salvador del mundo, Luz de la naciones.

Extr. en parte de la L C.

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.