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Curarse es Volver a Nacer…

Haz que en mi existencia siempre atesore que si yo ofendiera a la gente, tenga el valor para disculparme, y si la gente me ofende, me des la gracia de perdonar.

 

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Serena mis marchas dándome una visión de la magnitud eterna del tiempo.  Mándame, en medio de los laberintos diarios, la suficiente pasividad que habita en las montañas, en la quietud del mar…

Interrumpe la rigidez de mis ímpetus, de mis bríos, con armónicos ritmos para que mis movimientos iluminen los recovecos que asoman al cofre de mis recuerdos…

Asísteme con el dominio misterioso y reparador que otorgas en el descanso y el sueño.

Enséñame el arte de despojarme de la mundanidad y dame de ser posible sobrados respiros, aliviando el día; para saber admirar una flor, el susurrar del viento. el plumaje de los pájaros, sabiendo compartir el tiempo, acariciando almas…

Inspírame a hundir mis raíces en las profundidades de los valores eternos, que le has concedido  a la vida y así aprender en el momento señalado a desplegar las alas hacia el lucero de mi destino inmortal.

Que mi paso experimente que he sido incondicionalmente amada. Que existe una Amor más Grande que el nuestro, bríndame la capacidad  de expresarlo para que otros puedan intuirlo a través de los acontecimientos que se me presenten.

La Vida lentamente nos va invitando a renacer.

Dios te Bendiga Hoy, Mañana y Siempre.

 

 

María en la Espera …

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María es por excelencia la “Mujer” que conoce y reconoce la fuerza del Espíritu Santo. Por eso contemplándola a Ella  como modelo debemos suplicarle,  nos enseñe en este tiempo de espera para el Niño que está por nacer; para que en estos días que faltan para celebrar la Navidad transforme toda decadencia y restaure nuestro corazón que sea reflejo de un nuevo Pentecostés….

Que el “Hágase” que siempre estuvo en su diario vivir, nos ayude  y estimule a valorar la “Vida”…siendo el refugio de nuestro mundo, Ella la Mujer de la esperanza…

 

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En María se realiza el don hecho a los pobres, a los pastores, a los sencillos… a Todos.

María es la que devuelve la alegría a los corazones tristes entregando a Jesús que es la Vida misma…Ella la Mujer fuerte , que cree aún cuando no comprende y queda sorprendida; no rechaza la palabra dejándola de lado, ni lo que acontece en la espera…sino que lo medita y lo conserva (Lc. 2-51).

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Lluvia de Bendiciones para Ti.

 

La Maternidad de María, Nuestra Madre …

 

El Concilio Vaticano II habla así de María al pie de la cruz: “También la Santísima Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz. Allí, por designio divino, se mantuvo de pie, sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” (Lumen Gentium, 58.) . Consentir en la inmolación de la víctima que ella había engendrado fue como inmolarse a sí misma.

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Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa” Evangelio según San Juan (Jn 19,25-30).

Al estar “de pie” junto a la cruz, la cabeza de María quedaba a la altura de la cabeza inclinada de su Hijo. Sus miradas se encontraron. Cuando le dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Jesús la miró y por eso no sintió necesidad de llamarla por su nombre para distinguirla de las demás mujeres. ¿Quién podrá penetrar el misterio de aquella mirada entre la madre y el Hijo en aquella hora? Una alegría tremendamente dolorida pasaba de uno a otra, como el agua entre los vasos comunicantes, y esa alegría provenía del hecho de que ya no ofrecían la menor resistencia al dolor, de que estaban sin defensas ante el sufrimiento, de que se dejaban inundar libremente por él. A la lucha le sucedía la paz. Habían llegado a ser una sola con el dolor y el pecado de todo el mundo. Jesús en primera persona, como “víctima de propiciación por los pecados del mundo entero” (1 Jn 2,2); María indirectamente, por su unión corporal y espiritual con su Hijo.

Lo último que hizo Jesús, antes de adentrarse en la oscuridad de la agonía y de la muerte, fue adorar amorosamente la voluntad de su Padre. María lo siguió también en eso: también ella adoró la voluntad del Padre antes de que descendiese sobre su corazón una terrible soledad y se hiciese la oscuridad en su interior, como se hizo la oscuridad “sobre toda aquella región” (cf Mt 27,45). Y aquella soledad y aquella adoración se quedaron clavadas allí, en el centro de su vida, hasta la muerte, hasta que llegó también para ella la hora de la resurrección.

Un salmo que la liturgia aplica a María dice: “Todos han nacido allí… Se dirá de Sión: ‘Uno por uno todos han nacido en ella…’ El Señor escribirá en el registro de los pueblos: ‘Éste ha nacido allí”’ (Sal 87,2ss). Es verdad: todos hemos nacido allí; se dirá de María, la nueva Sión: Uno por uno todos han nacido en ella. En el libro de Dios está escrito, de mí, de ti, de todos y cada uno, incluso de los que todavía no lo saben: “¡Este ha nacido allí!”

¿Pero no hemos sido regenerados por la “palabra de Dios, viva y duradera” (1 P 1,23)? ¿No hemos “nacido de Dios” (Jn 1,13) y renacido “del agua y del Espíritu” (Jn 3,5)? Ciertísimo, pero eso no quita para que, en otro sentido, hayamos nacido también de la fe y del sufrimiento de María. Si Pablo, que era servidor de Cristo, pudo decir a sus fieles: “por medio del Evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús” (1 Co 4,15), ¡ con cuánta mayor razón podrá decirlo María, que es su Madre! ¿Quién, mejor que ella, puede hacer suyas aquellas palabras del Apóstol: “Hijos míos, a quienes doy a luz de nuevo” (Ga 4,19)? Ella nos da a luz “de nuevo” en este momento, porque nos ha dado ya a luz por primera vez en la encarnación, cuando entregó al mundo la “Palabra de Dios viva y eterna” que es Cristo, en la que hemos renacido.

 Desde el siglo XV. Algunos temían que se quisiera poner a María al mismo nivel de Cristo. En realidad, la enseñanza de la Iglesia destaca con claridad la diferencia entre la Madre y el Hijo en la obra de la salvación, ilustrando la subordinación de la Virgen, en cuanto cooperadora, al único Redentor.

 Por lo demás, el apóstol Pablo, cuando afirma: «Somos colaboradores de Dios» (1 Co 3,9), sostiene la efectiva posibilidad que tiene el hombre de colaborar con Dios. La cooperación de los creyentes, que excluye obviamente toda igualdad con él, se expresa en el anuncio del Evangelio y en su aportación personal para que se arraigue en el corazón de los seres humanos.

 El término «cooperadora» aplicado a María cobra, sin embargo, un significado específico. La cooperación de los cristianos en la salvación se realiza después del acontecimiento del Calvario, cuyos frutos se comprometen a difundir mediante la oración y el sacrificio.

Por el contrario, la participación de María se realizó durante el acontecimiento mismo y en calidad de madre; por tanto, se extiende a la totalidad de la obra salvífica de Cristo. Solamente ella fue asociada de ese modo al sacrificio redentor, que mereció la salvación de todos los hombres. En unión con Cristo y subordinada a él, cooperó para obtener la gracia de la salvación a toda la humanidad.

El particular papel de cooperadora que desempeñó la Virgen tiene como fundamento su maternidad divina. Engendrando a Aquel que estaba destinado a realizar la redención del hombre, alimentándolo, presentándolo en el templo y sufriendo con él, mientras moría en la cruz, «cooperó de manera totalmente singular en la obra del Salvador» (Lumen gentium, 61). Aunque la llamada de Dios a cooperar en la obra de la salvación se dirige a todo ser humano, la participación de la Madre del Salvador en la redención de la humanidad representa un hecho único e irrepetible

El Vaticano II no sólo presenta a María como la «madre del Redentor», sino también como «compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas», que colabora «de manera totalmente singular a la obra del Salvador con su obediencia, fe, esperanza y ardiente amor».

Recuerda, asimismo, que el fruto sublime de esa colaboración es la maternidad universal: «Por esta razón es nuestra madre en el orden de la gracia» (Lumen gentium, 61).

Por tanto, podemos dirigirnos con confianza a la Virgen santísima, implorando su ayuda, conscientes de la misión singular que Dios le confió: colaboradora de la redención, misión que cumplió durante toda su vida y, de modo particular, al pie de la cruz.

María en el orden de la vida espiritual es nuestra querida Mamá…Feliz quien a descubierto la gracia de sabernos sus hijos…  

 

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Lluvia de Bendiciones para Ti.

Pusiste En Fuga Mi Ceguera ..

Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera, Y por fuera te buscaba;…                                     Y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.
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tarde te amé

Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.
Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera: brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste y me abrasé en tu paz.

San Agustín.

Lluvia de Bendiciones para Ti.

 

NO HAY MAYOR AMOR….

 

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Igual que el Padre me amó, os he amado yo. Manteneos en ese amor que os  tengo, y para manteneros en mi amor, cumplid mis mandamientos; también yo he  cumplido los mandamientos del Padre y me mantengo en su amor.

Os he dicho esto para que compartáis mi alegría y así vuestra alegría  sea total.

Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he  amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Seréis amigos  míos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo más siervos, porque un  siervo no está al corriente de lo que hace su amo; os llamo amigos porque os  he comunicado todo lo que he oído a mi Padre.

PORQUE EL AMOR ESTÁ
EN DESHACER MI VIDA POR LOS DEMÁS.
FUNDIÉNDOLA EN EL MAR,
PUES SÉ QUE ES ASÍ.
PARA ENTREGARLO TODO HE DE NEGARME A MÍ
Y ASÍ GANAR LA VIDA
QUE TIENE PARA MÍ.
DEJAR MI OSCURIDAD, SEGUIR TU LUZ;
VIVIR, RESUCITAR EN TÍ.

Dios Te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.

 

Nazareno, Redentor, Cristo de las Penas…

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ORACION Y NOVENA A “JESÚS NAZARENO”

Entra Jesús, a mi hogar y bendice uno por uno los seres que me son tan queridos y haz que disfrutemos de la paz redentora. Aléjanos con tu santa mirada de todo cuánto pueda perjudicarnos y quitarnos la tranquilidad. Derrama tus fluidos divinos en todas las almas para que podamos comer el pan que tú nos das sin amarguras y de cuánto pueda dañarnos. Sálvanos señor, con tu grandísimo poder. Éstas son las súplicas adorado Nazareno, así recoge siempre, como el Padre Poderoso, la petición del hijo que te llama.

Un Credo para las almas del purgatorio. (Con licencia Eclesiástica).

N O V E N A

                       ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS

Oh, Señor y Dios mío! Animado por vuestra infinita bondad y por los continuos favores que otorgáis a los que imploran delante de vuestra Imagen, misericordia y perdón, a Vos acudo, oh Padre mío, Jesús Nazareno, para ofreceros mis humildes obsequios y presentaros las necesidades de mi pobre alma. Confieso que os he ofendido con grandes faltas, que he repetido sin cesar; pero ya arrepentido, las detesto de veras y propongo ayudado de nuestra gracia enmendarme en lo venidero. Movido, pues, de estos sentimientos, os ruego, ¡oh mi buen Jesús!, que, por los dolores de vuestra Pasión, atendáis las súplicas que os dirijo en esta novena, si son de vuestro agrado y de provecho para mi alma. Amén.

Hacer Petición.

Bendito sea el nombre de Jesús, Bendito sea el nombre de María.

Jesús Nazareno, remedia mis necesidades. Jesús Nazareno, que tus ojos vean mis penas. Jesús Nazareno, que tus oídos escuchen mis súplicas.

Redentor Divino que a las tinieblas das Luz, consuela mi alma triste por las tres caídas que diste con el madero de la Cruz.

Lleno de amor vengo a Ti a postrarme a tus divinas plantas, a acercarme a tus llagas a sentir el rocío de tu Sangre Bendita y a pedirte lo que tú puedes concederme.

Se rezan 3 Padres Nuestros y 3 Aves Marías, Gloria.

                          ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh, dulce y amado Padre mío, Jesús Nazareno! Al considerar vuestro amor y la bondad con que me habéis acogido en este día, un grito de gratitud se escapa de mis labios y el recuerdo de vuestras misericordias embarga mi alma. Por ganar mi amor bajasteis a la tierra y sufristeis toda clase de penas y trabajos y muerte de cruz. Por mí también, llegando al colmo de todas las bondades, os quedasteis en el Sacramento del altar, queriendo ser nuestro manjar, consuelo y perpetuo compañero. ¿Qué más? Por nuestro amor os presentáis en esa Imagen coronada de espinas, atado con duros cordeles y vestido con hábito de humildad y de paciencia. ¡Gracias, Señor, por todo!, y a fin de corresponder a vuestros favores, os pido la gracia de cumplir siempre vuestra ley, imitar vuestras virtudes y vivir y morir en vuestro amor. Amén.

Gracias a los hermanos de La Cofradía del Santísimo Cristo de las Penas., por tan hermosa foto.

Dios te Bendiga, Hoy, Mañana y Siempre.