Bienvenidos

Bienvenidos a  Perfume de Cristo …  espacio destinado  a  compartir las fragancias del  “Amado”.. “Caminando  Juntos” por el sendero trazado por Dios para cada uno de nosotros . Llamados a cruzar este valle de eventos inesperados…  Pero yo, confío en ti Señor, y te digo :  Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos (Salmo  31,15).

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…Somos invitados a esparcir el “Perfume de Cristo”…dice 2 Co. 2, 15: “Porque nosotros somos la fragancia de Cristo al servicio de Dios, tanto en los que se salvan, como en los que se pierden”. Si salimos con esa fragancia nada podrá detener la obra de sus manos. Lo más importante es que esa fragancia que viene de Cristo tenemos que llevarla a las personas con las que entremos en contacto.  Vivir la vida en Cristo es dar a conocer la Buena Nueva de Dios, declarar con el testimonio de las obras, lo que decimos profesar. Vivir según Su voluntad para agradarlo, aún a costa de nuestros propios gustos.

Somos capaces de Derramar nosotros todo lo que poseemos, por muy valioso que sea, a los pies de Cristo, como lo hizo María de Betania?…

…  Me emociona imaginar trasladándome al momento en que esa “Mujer” ungía el perfume de nardo sobre la cabeza y los pies de Jesús (Mat. 26,7 y  Jn 12, 3). El aceite de nardo era un perfume sumamente valorado. María con ese gesto adoró a Dios. Esa debería ser nuestra  actitud…  adorar al Dios del Amor.. SIEMPRE..

San Juan de la Cruz recuerda que el alma, esposa y doncella, no sólo se reclina en lecho florido y perfumado, sino “en la misma flor, que es el Hijo de Dios, Cuando tú me mirabas su gracia en mí tus ojos imprimían; por eso me adamabas, y en eso merecían los míos adorar lo que en ti vían. No quieras despreciarme, que, si color moreno en mi hallaste, ya bien puedes mirarme después que me miraste, que gracia y hermosura en mi dejaste.  Cogednos las raposas, que está ya florecida nuestra viña, en tanto que de rosas hacemos una piña, y no parezca nadie en la montiña. Detente, cierzo muerto;  ven,  Austro, que recuerdas los amores, aspira por mi huerto, y corran sus olores, y pacerá el Amado entre las flores.    (Cántico, canción 24 al 27).

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El Espíritu Santo es llamado óleo de alegría (Sl 44,8)… Una de las cualidades de la presencia del Espíritu Santo en el alma es el gozo y la alegría como frutos del Espíritu de Dios.

 El perfume es tal vez en primacía, el lenguaje del amor, Cuando el Espíritu divino viene al alma como amor de “esposo amado y muy deseado”, “entonces la esposa es admitida a admirar aquella hermosura cuya belleza supera todo lo hermoso, a oír aquella armonía cuya dulzura supera toda melodía, a oler aquella fragancia cuya suavidad supera todos los bálsamos…” (de SAN JUAN DE LA LUZ, Tratado del Espíritu Santo .

Es manifestación de una presencia, En una adoración multitudinaria ante el sagrario de la Iglesia de Getsemaní, en Jerusalén, en octubre de 1987, un suave olor a incienso llena la iglesia sin que estuviera encendido ningún incensario. La presencia de Cristo sacramentado y ungido por su Espíritu se hizo presente a los adoradores. Y tienen en la Biblia un sentido espiritual de oración y ofrenda, gratas a los ojos de Dios. Así, “las oraciones de los santos son copas de oro llenas de perfumes”(Ap 5,8; 8, 3-4).

Y significa también la santidad que brota del Espíritu de Dios y da valor sobrenatural a las virtudes y dones. Pidamos emitir el aroma del gozo y de la paz en el Espíritu, donde quiera que nos encontremos. R. Elisabet.

Oh Jesús, ayúdame a esparcir tu fragancia dondequiera que vaya.

Inunda mi alma de tu espíritu y vida.
Penétrame y aduéñate tan por completo de mí, que toda mi vida sea una irradiación de la tuya.

Ilumina por mi medio y de tal manera toma posesión de mí, que cada alma con la que yo entre en contacto pueda sentir tu presencia en mi alma.

Que al verme no me vea a mí, sino a Tí en mí. Permanece en mí.
Así resplandeceré con tu mismo resplandor, y que mi resplandor sirva de luz para los demás.

Mi luz toda de Tí vendrá, Jesús: ni el más leve rayo será mío. Será Tú el que iluminarás a otros por mi medio.

Sugiéreme la alabanza que más te agrada, iluminando a otros a mi alrededor.

Que no te pregono con palabras sino con mi ejemplo, con el influjo de lo que yo lleve a cabo, con el destello visible del amor, que mi corazón saca de Tí. ¡Amén.                              Cardenal Newman.

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 Lluvia de Bendiciones para Tí.

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