Pan Compartido… Pan Repartido…

“Que todos sean Uno en Nosotros, para que el mundo Crea”.

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En la oración sacerdotal, que es la gran oración de oblación y de intercesión en la hora de su sacrificio, Jesús formula un ruego supremo, respecto a sus discípulos:

“Que todos sean Uno, Como Tú, Padre, en mí y yo en Tí, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado”.

Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que seas uno, como nosotros somos uno: Yo en ellos y Tú en Mí, para que sean perfectamente uno, y conozca el mundo que Tú me has enviado, y que yo los he amado a ellos, como Tú me has amado a Mí. ( Jn 18. 21-23).

Destaquemos el lugar que tiene este pedido supremo del Salvador. La Trinidad, es principio y modelo de unidad: “Para que sean uno, ‘como’ nosotros somos uno”.

El mismo Señor, la misma fe, el mismo bautismo, es lo que nos une al mismo Dios y Padre: “Yo en ellos y Tú en Mí”.  Y la unidad perfecta se realizará el día en que Dios sea “todo en todos”.

Preguntémonos si tenemos el sentido de la unidad?.  Vemos en la Sagrada Eucaristía, el sacramento de la unidad?

Nos aderimos a la Unidad de la fe? A la caridad con las personas? Tratamos de “ser auténticos en la caridad? ‘. Tenemos conciencia de que  si no puede decírse de nosotros: “Ved como se aman”, es imposible que revelemos a los hombres el Evangelio del AMOR?.

En los Hechos de los Apóstoles, San Lucas describe así la primera comunidad cristiana de Jerusalén: “Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, fieles a la comunión fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones…”

“La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma, nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo lo tenían en común”.

Animada, por tu gran misericordia, Señor de la Historia, contemplando a tu Hijo Jesucristo, al que enviaste para nuestra salvación me atrevo a pesar de ser indigna sierva tuya a decirte: 

                                                              “VEN SEñOR JESÚS!” …     

Ven a mi pobre corazón, ven al corazón de mis hermanos para que seamos dignos de gozar algún día de tus bienaventuranzas. Ven a restaurar en nosotros la caída por el  pecado del cual somo presos por la debilidad de nuestras pasiones. Tú conoces el fondo del alma de cada uno de tus hijos, danos aliento para salir fortalecidos en  medio del destierro en el peregrinar de la vida …  para que cuando llegue el tiempo de comparecer ante Tí, seamos conducidos por la maternal proteción de la Bienaventurada Virgen María.                                                  

Tú no cesas de reunir a tu Pueblo a fin de que te presente en todo el mundo, una ofrenda pura…

“Cuando estemos alimentados con el Cuerpo y con la Sangre de tu Hijo y llenos del Espíritu Santo,

 

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concédenos formar en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. Que el Espíritu Santo haga de nosotros una eterna ofrenda para tu gloria…

“Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia peregrina en la tierra… y reúne en torno a Tí Padre amantísimo, a todos tus hijos dispersos por el mundo”. (Oración Eucarística 3ra.).

Dios te Bendiga, Hoy Mañana y Siempre.

 

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