La obra maestra de la Misión del Hijo…

María Trono de la Sabiduría… María, Madre de Dios, la siempre Virgen, es la obra maestra de la Misión del Hijo y del Espíritu Santo en la plenitud de los tiempos.

El Padre encuentra en ella la MORADA en donde su Hijo y su Espíritu pueden habitar entre los hombres.
Por ello, los más bellos textos sobre la sabiduría,
la Tradición de la Iglesia los ha entendido frecuentemente con relación a María:
María es cantada y representada en la Liturgia como Trono de la Sabiduría.
 
En ella se manifiestan las maravillas de Dios:
El Espíritu la prepara con su gracia para ser la Madre…
El Espíritu Santo realiza en ella el designio del Padre…
El Espíritu Santo manifiesta en ella al Hijo de Dios hecho hijo de la Virgen…
El Espíritu Santo comienza a poner en comunión con Cristo a los hombres…

Al término de esta misión del Espíritu, María se convierte en la Mujer, la Nueva Eva, Madre de los vivientes, Madre del Cristo total. (Del Catecismo de la Iglesia Católica – nº 721/726)

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Ella no esconde a nadie las riquezas de su Hijo, por el contrario desea que nosotros nos enriquezcamos con sus dones, con su luz, con su gracia y con su vida divina.
Gracias Señor Jesucristo, por haberme concedido la gracia de consagrarme a María. Ella será mi socorro que levantándome de mi propia miseria me introducirá más y más profundamente en tu amistad.

Ay, Señor débil como soy, sin Ella ya hubiera naufragado en mis pecados. Sí, María me hace falta ante ti y en todas partes!. Con Ella, en cambio me libraré del pecado y de sus consecuencias y podré acercarme a “TI”, dialogar contigo y agradarte en todo; aceptar radicalmente el Evangelio, salvarme e irradiar tu amor y salvación a mis hermanos. Como quisiera, oh Jesús, publicar ante todas las criaturas tu gran misericordia en favor mío! y hacer que todo el mundo reconozca que a no ser por María hace tiempo estaría yo condenado y agradecerte dignamente este fervor!.

María está conmigo! qué tesoro tan precioso, que alegría tan inmensa! Pero, Señor, amor con amor se paga: qué ingratitud la mía sino me consagrara a Ella totalmente. Salvador mío amadísimo: antes de morir que vivir sin Ella … Mil y mil veces como Juan ante la cruz(Jn. 19,27) he aceptado a María como tu don más precioso, y cuántas veces me he consagrado a Ella, aunque todavía con tanta imperfección!…

Por ello, quiero ahora, con la madurez y disponibilidad que esperas de mí,  consagrarme a Ella nuevamente. Arranca de mi ser cuanto no pertenezca a tan augusta Reina: pues, si no es digna de Ella, tampoco es digno de Ti””.

Fuente: Tratado de la Verdadera Devoción y el Secreto de María.
Dios te Bendiga Hoy, Mañana y Siempre.
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