POR QUÉ NO VIVIMOS COMO HIJOS?…

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El ejemplo de Jesús se maniifesta en cada uno de nosotros…

Por adopción, somos hijos del Altísimo, gracia abundante que se aonda en el ser, por la entrega del Hombre-Dios por nosotros. Somos beneficiados con ese título que nos dispensa la dignidad de pertenecer a la familia de la Realeza de Cristo, herederos con Él.

¡Miren como nos amó el Padre! Quiso llamarnos hijos de Dios. Y nosotros lo somos relamente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a Él. Queridos mios desde ahora somos hijos de Dios y lo que seremos no se ha manifestado todavía.     (1 Juan 3:1)

Por eso pongamos nuestra esperanza en el Único Dios verdadero.  El “Amado ” nos pensó desde siempre, Pablo nos dice : Y ustedes no han recibido un espírtu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos que nos hace llamar a Dios: “¡Abba! es decir Padre”. El mismo Espírtu se une a nuestro espírtu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. (Romanos 8:15,16). Por tal motivo sufrimos con el para alcanzar la corona de la gloria con Él…

Si estamos convencidos que Dios es Padre,
Por qué no vivimos cómo Hijos? ….                                                                                  

Una profunda vivencia personal-comunitaria nos hará redescubrir en este tiempo en que ha sido llamado y convocado por nuestro querido Benedicto XVI “el Año de la Fe”, comenzó el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo (Homilía de Benedicto XVI en la santa Misa para la nueva evangelización, 16 octubre 2011). Invitar a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador
del mundo”.
“Comprometerse a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe”.
“Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza”.

Hagamos el próposito y deseo de la valorización a nuestra vocación y a nuestra misión, donde quiera que nos encontremos, con una mirada de ternura por los hermanos de otros creencias que se esfuerzan por encontrar la verdad …                               Nosotros somos la Sal de la Tierra ( Mt. 5,13) resaltemos pues entonces el condimento del consenso aún en las diferencias sin olvidarnos los puntos de coincidencia ya que somos “Hijos de un mismo Padre”. Viviendo las llamadas del Espíirtu Santo como los apóstoles la vivieron, dando gracias al milagro de un Dios que es Padre y Amor en la persona de Jesucristo.

Nadie conoce lo que no ama . Nadie ama lo que no conoce . Por consiguiente nadie llega a conocer a una personsa solo por haber oído hablar de ella. Para poder amar es preciso conocer . Solo el amor permite que una persona revele a otra su intimidad, las cosas de su corazón. Pero como conocer a una persona sino la ama de verdad? …

Quién sabe si tú mismo ya has hecho esta experiencia. de pronto te encuentras frente a una persona desconocida. Una lluvia de pensamientos pasan por la mente. Pero si realmente queremos conocer a una persona debemos tener el valor de ir a su encuentro… o dejar que ella se acerque a nosotros. En otras palabras: aceptar el ” desafío del encuentro, caminar juntos”, y de ese encuentro podrá nacer una amistad, es más o menos así lo que ocurre con nosotros en relación con Dios.

Dejémonos encontrar con ese Dios Padre que nos busca incansablemente, lleno de misericordia, y vallamos al encuetro de sus brazos que anhelan el regreso del hijo pródigo…

Cómo expresar la alegría de creer, no en un dios cualquiera, sino en Dios que es Padre, que es amor?  Dios es nuestro Padre, así lo creemos , pues Jesús nos enseño a llamar Padre a Dios (Mt. 6,9 y Padre de toda la humnidad Mt. 5,16- y 45,48.) El que es de Cristo tiene un Padre en el cielo (Mt. 6,26) es creer que él ama y cuida de cada uno, es reconocer al mismo tiempo que todos somos hermanos. Es profesar nuestra fe en un Dios que es Padre y por eso mismo, unir nuestra voz a la voz de todos los que creyeron en la Fuente de Vida, aún en medio de las dificultades y fueron llamados : “Bienaventurados, felices porque creyeron”

Si estamos convencidos que Dios es nuestro Padre porqué no vivimos como Hijos?…                                                                                                                                                                                                                                     

Una interrogante que tiene la respuesta en el interior del corazón de cada hombre y mujer.

 

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